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Se anuncia borrasca en el Athletic

13:15 CET 15/3/22
Marcelino Garcia Toral Athletic Club

Cualquiera que siga de cerca la realidad del Athletic de los últimos años sabe que no resulta nada sencillo que el primer equipo atesore premios con los que contentar a su hinchada al final de cada temporada. Y aun así, la última década larga, los rojiblancos se han movido en terrenos colindantes con el triunfo, con algunos objetivos cumplidos también de vez en cuando.

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Quien haya despertado a la realidad del fútbol a partir de 2009 y no conozca la dimensión histórica ganadora del club, podrá pensar, por los hechos, que los de San Mamés son un equipo muy competitivo, con la disputa en 14 campañas de 5 finales de Copa, 4 Supercopas de España (habiendo ganado dos de ellas) y 8 participaciones en competición europea (una de ellas en Champions League).

Sin embargo, y a pesar de que los guarismos son los que son, se ha instalado en Bilbao una sensación de que al equipo le acaba faltando cubrir el último tramo. Algo que se viene repitiendo en los últimos tiempos, ya sea en las finales coperas o en la pelea por clasificarse a la Europa League vía LaLiga. 

Se repite constantemente ese mensaje de que al Athletic “no se le pide entrar en Europa sino estar peleando hasta el final por ello”. Un pensamiento que de tanto pronunciarlo se ha convertido en una letanía que sufre el desgaste de su propio significado. Incluso, con el propio Marcelino en el banquillo. Un técnico cuyo mayor valor como responsable de la plantilla del Athletic ha sido el de dotar a su colección de veteranos e inexpertos de un saber hacer que los llevaba a no perder apenas partidos.

Ahora, la cuestión es que ese barniz que hacía de los leones un bloque complicadísimo de batir se ha ido diluyendo en las últimas semanas, donde los bilbaínos no hacen sino contar por derrotas todas sus salidas.

La meta europea se acerca y se aleja según el equipo juegue en San Mamés o visite al rival de turno, pero siempre con una distancia considerable que no acaba de enjuagar. Nadie sabe qué puede pasar en lo que resta de competición liguera pero según van transcurriendo las semanas, el equipo es menos bloque y se asemeja más al del final de temporada de los últimos años, en los que en lugar subir su nivel competitivo, flaqueaba ante el horizonte europeo.

Con unas elecciones casi a la vuelta de la esquina y sin conocer quién será el inquilino del banquillo de San Mamés en la 22/23, que la dificultad para batir en el césped al Athletic haya pasado a mejor vida no parece que sea la mejor de las noticias para Marcelino y su futuro, ni para el equipo y su presente. La esperanza pasa por lo impredecible que resulta el deporte, pero, por otra parte, la afición rojiblanca va viendo que este año tampoco parece que vaya a tocar subir al carro de Europa. Y de ser finalmente así, el hecho va a arrastrar consecuencias negativas dentro y fuera del verde. Se anuncia borrasca.