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Copa del Mundo

¿Por qué Colombia no juega el Mundial de Qatar 2022?

18:39 CEST 30/3/22
Fracaso Colombia 2022
La suma de malas decisiones, egos y un equipo que perdió el rumbo desde muy temprano, culminó con la eliminación.

Con 23 puntos en 18 partidos de Eliminatorias, el combinado cafetero se quedó corto por un punto para conquistar la plaza del repechaje rumbo a la Copa del Mundo de Qatar, pues Perú, con 24 puntos y diferencia de gol de -3, supo administrar mejor la recta final del proceso para quedarse con esa oportunidad de unirse a la fiesta mundialista.

El fracaso de Colombia se remonta a tres puntos fundamentales, que al conjugarse terminaron con la eliminación de la Copa del Mundo y un nuevo sinsabor para la hinchada Tricolor, que venía acostumbrándose a no faltar a la cita que se da cada cuatro años.

El proceso de Carlos Queiroz comenzó bien, pero la interna del equipo se habría roto, generando un ambiente negativo para trabajar, malos resultados y dos derrotas claves ante Uruguay y Ecuador que hicieron insostenible su cargo, a pesar de contar con una efectividad del 64%.

El propio entrenador aseguró, tiempo después, que el directo responsable de su despido y la mala gestión alrededor del mismo, había sido Álvaro González Alzate, uno de los dos vicepresidentes de la corte de Ramón Jesurún en la Federación Colombiana de Fútbol y a quien Queiroz tilda de 'falso y mentiroso' al referirse a su salida del banquillo de Colombia.

Dicho lo anterior se plantea el segundo punto y tal vez el más delicado, una dirigencia aferrada al poder, enfocada en sus egos e intereses personales y que actúa de formas que hacen sospechar de cada una de sus decisiones, pues citando a Queiroz al referirse a uno de estos directivos, "Trabaja detrás de bambalinas en el Fútbol Colombiano, aprovechando el poder y los votos que maneja ejerce presión, inclusive sobre sus pares, para alcanzar sus intereses personales".

Desde sacar a José Pekerman, el entrenador más querido en la historia de Colombia, por la puerta de atrás, pasando por el irregular despido -no reconocido- de Carlos Queiroz y la sustracción de un técnico que la pasaba mal en otro seleccionado sudamericano, las decisiones de la FCF parecieron más enfocadas en cubrir escándalos y satisfacer egos, que en buscar una solución contundente que acercara al equipo a la Copa del Mundo.

El tercer hecho pasa por dos circunstancias, la primera es la llegada de un Reinaldo Rueda desgastado, con la moral baja tras un amargo paso por el seleccionado chileno, sin lugar a dudas una contratación realizada a la ligera y que seguiría dividiendo antes que unir, como quedó claro en las declaraciones, sin filtro, de varios jugadores que haciendo uso de sus redes sociales manifestaron su inconformismo al no ser tenidos en cuenta por el nuevo estratega, incrementando los rumores de una ruptura al interior de la selección.

Todo lo anterior deriva en un grupo de jugadores desorientados, evidentemente desmotivados y jugando con más corazón que técnica, pues en el proceso de Rueda nunca se vio una identidad clara de juego, ni mucho menos un partido planteado con la seriedad que requería el caso, denotando improvisación desde el momento de elegir los once que arrancaban, pasando por formaciones que no producían nada en lo futbolístico y terminando en cierres de partidos con un exceso de atacantes que nunca lograron su cometido.

La Tricolor dejó de ser un honor y un logro, para convertirse en una carga, una responsabilidad de aquellas con las que se cumple por obligación y no por amor, tanto para cuerpo técnico como para jugadores, que sufrieron un desgaste excesivo fuera de la cancha, olvidando que lo realmente importante sucedía cuando se tenían que enfundar la camiseta y ponerse los guayos para saltar al terreno de juego. En conclusión, Colombia no va a la próxima Copa del Mundo porque dejó de lado todos sus valores que lo hicieron fuerte durante ocho años y se ocupó de cumplir, más no de lograr los objetivos.