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Argentina vs Croacia

Los argentinos se abrazan a lo único que nunca les falló

12:37 CET 14/12/22
Argentina
"Esto es único", dicen los hinchas en Doha. Tienen una extraña melancolía arrastrada que se limpia con jugadas de Leo.

Levanta las muletas y las mueve hacia un lado y otro. Un amigo se acerca y le da un abrazo. Está en medio de una de las cabeceras donde los hinchas argentinos rebalsaron el estadio de Lusail, donde la Selección de Scaloni acaba de pasar por encima a Croacia. Javier, de unos 45 años, se rompió el tobillo hace un par de meses. Tuvo que operarse cuando tenía todo el Mundial de Qatar organizado. Poco antes de la fecha límite, decidió ir. 

"Es inexplicable. Hay que estar. Es increíble, no se puede explicar. Te tienen que venir a buscar con la silla porque no podés salir...es fútbol, viste, es una maravilla. Estar acá...somos unos privilegiados", dice. Y llora. Como él hay miles.

La policía y seguridad del estadio de Lusail, siempre dura, recia y poco negociadora, empieza a achicar los espacios de la tribuna porque hace más de una hora que terminó el partido y los argentinos no se quieren ir. Cantan, bailan, sacan a relucir sus banderas, se toman fotos. Pero, cuando finalmente se van de adentro de la cancha, arman su fiesta en los pasillos. Y la secuencia vuelve a repetirse. La gente de seguridad no tiene idea por qué. Quisiera terminar su jornada laboral. Pero el equipo de Scaloni está en la final. No lo entenderían. Y cuando finalmente salen del estadio, miles de personas están en el anillo de la cancha para seguirla. La historia se repite. Son las 2 de la mañana en Qatar.

Van remando en un mar espeso los argentinos que están en Doha. Hay un poco de todo. Están las lágrimas por el último Mundial de Messi. Está el peso de la lejanía. Está esa sensación de que el fútbol para ellos es tan único que el mundo ahora los percibe como una manera de ser, una forma de vida. Está el deseo consumido en cada partido que ganó la Selección y el miedo impregnado que al final no se dé el sueño máximo. 

"Lloro por un tema personal, pasé algunos años duros...estoy con mi hijo y... espectacular...para nosotros es una pasión. Una persona normal no lo entiende, para nosotros es una pasión. Nosotros somos distintos. Por eso vemos acá 50 mil personas, gente que dejó el laburo, vendió la casa o el coche. Nosotros somos distintos", dice un señor de unos 55 años a la salida del estadio después del partido con Países Bajos, en los cuartos de final. En los anillos del Lusail, se abrazaba y lloraba. Agitado como si el pecho estuviera por explotarle. 

Hay un mar de hinchas que acompañan a la Selección argentina en este Mundial. No son ricos que vienen a gastar los dólares en billete, gente que viaja en primera o que se reserva una habitación en alguno de los hoteles internacionales, uno de los pocos lugares donde se puede tomar alcohol. La gran mayoría ahorra hace un tiempo largo. Una buena parte encontró al Barwa, un barrio en las afueras con espacios compartidos, como una manera de permanecer. 84 dólares la habitación con dos camas. 

Cuando termina el partido, algunos disfrutan y otros se empiezan a agarrar la cabeza porque no tienen entrada para la final. Cada argentino se choca cada minuto con una aventura diferente, una necesidad, una forma de aprovechar el Mundial todo lo que sea.

"Messi juega con un sentimiento de corazón. Él juega con el corazón, con el alma...disculpá, me emociono. La tiene tatuada la de Argentina...ojalá se nos dé", dice Carlos, un tipo de cancha que sigue a la Selección hace seis Mundiales. También llora.

Alrededor del equipo de Scaloni hay un aura de orgullo. Encima de Messi recae un concepto único que remueve la fragilidad de todos. Argentina tiene al mejor del mundo. Argentina es un país golpeado que en el último tiempo parece en una rampa hacia abajo en prácticamente todos los sentidos. Su relación con el fútbol es una de las pocas cosas que se mantiene intacta, que todavía no se pudo remover. 

En las lágrimas y las gargantas arenosas hay un sentimiento de identidad. Una forma de disfrutar. Pero también hay una mirada de reojo hacia todo lo que queda atrás en Argentina. Sí, todos los que están en Doha son privilegiados. Así lo sienten. Así lo viven. Lo aman a Messi porque no podrían conseguir una figura más fiel. Adoran a su capitán porque es su reflejo más vivo. Los argentinos se abrazan al fútbol porque es lo que nunca les falló.