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Chelsea v Real Madrid

Así llega el Chelsea, rival del Real Madrid en cuartos de la Champions League

10:39 CEST 4/4/22
Chelsea's English midfielder Mason Mount
Juan Yagüe analiza en GOAL cómo llegan los "blues" para el duelo ante el Real Madrid

Las fallas han pasado pero el Real Madrid y el Chelsea han seguido con los petardazos. Si el equipo blanco claudicó de manera humillante en el Clásico frente al Barcelona también lo hizo el conjunto de Thomas Tuchel el pasado fin de semana frente al Brentford en Stamford Bridge. Ante semejante pasado reciente, difícil atisbar por donde acabará esta eliminatoria.

Pero de lo que sí podemos hablar es de lo que trata el Chelsea como club y equipo ahora mismo. Sumergido en una crisis institucional tremenda con su todavía dueño, Roman Abramovich, atado de pies y manos por el gobierno inglés y sus sanciones a oligarcas rusos y sus propiedades, el equipo londinense se halla a nivel de gestión en terreno de nadie. No se pueden renovar contratos, no se pueden fichar jugadores, cualquier ingreso que tenga el club queda congelado a expensas de lo que decida el gobierno… Y por si fuera poco, cualquier venta del club tiene que ser aprobada por el parlamento inglés y sus órganos de jurisdicción.

En este contexto, Andreas Christensen ya ha firmado como nuevo jugador del Barcelona para la próxima temporada, Antonio Rudiger tampoco seguirá en Cobham al no poder renovar su contrato y habrá que ver como termina de definirse la situación de César Azpilicueta (al tener una opción de extender su compromiso por un año más, su continuidad sí se podría dar por no tener que firmar otro acuerdo). Por si fuera poco, el sonado fichaje de Romelu Lukaku ha resultado (de momento) en fiasco y la pelea por la Premier League está totalmente descartada. El viento arrecia en Stamford Bridge. El equipo londinense perdió la final de la Copa de la Liga frente al Liverpool. Y ha tenido patinazos serios como los empates frente a Burnley, Everton y Brighton en casa. Además de caer en sus dos duelos directos frente al Manchester City. Pero todavía no se puede sentenciar que la temporada vaya a ser definitivamente mala. Porque al fin y al acabo el contexto de los Blues es parecido al de la pasada campaña cuando Tuchel se hizo cargo del equipo. Y ganó la Copa de Europa.

Dos torneos por decidirse. Una asequible semifinal de la FA Cup frente al Crystal Palace (que

desembocaría en final frente a Manchester City/Liverpool) y esta eliminatoria de cuartos frente al Real Madrid. Equipo al que ya derrotó la pasada campaña sin demasiadas complicaciones y con una sensación de superioridad aplastante. A pesar de lo ajustado del resultado del curso pasado, la sensación fue que el equipo de Tuchel estaba varios pasos por delante del de Zidane. Y los dos equipos siguen teniendo identidades parecidas. El Chelsea sigue armándose con la línea de tres centrales liderada por el eterno Thiago Silva y fortalecida con la determinación de Rudiger más un tercer espada que suele rotar entre Christensen, Azpilicueta o Sarr. En el mediocampo, Kanté, Kovacic (en plenitud) y Jorginho disputan las dos plazas del centro con perfiles distintos y complementarios. En la derecha Reece James (si Azpilicueta es central) y Marcos Alonso en la izquierda (habitual tras la lesión de Ben Chilwell). Los tres puestos de ataque tienen alternativas pero no dueño. La electricidad de Pulisic, la inventiva de Ziyech, el liderazgo de Mount, la creatividad de Havertz, la presencia de Lukaku y la movilidad de Werner. Una pléyade de grandes jugadores pero sin la continuidad y el convencimiento necesarios de sentirse indiscutibles.

Tuchel ha intentado proporcionar otra alternativa al equipo en el último mes tratando de instaurar el 4-2-3-1 aunque sin demasiado éxito. Pero las pruebas de diferentes sistemas han sido ante equipos de poca entidad. Parece improbable que salga con tan poca protección ante un rival con la experiencia y esencia del Real Madrid. Intentar descartar algo que funcionó a la perfección hace menos de un año sería descabellado. Es un equipo absolutamente consciente de sus virtudes y limitaciones. Capaz de subsanar cualquier resquicio de vulnerabilidad. Preparado para competir ante cualquier rival y subsistir ante cualquier situación. Aunque viendo las vicisitudes que rodean al club y que golpean en consecuencia a la plantilla, se puede afirmar que es el último vals de esta generación. Y no por edad o veteranía.

Jugadores saldrán. Habrá una nueva propiedad con sus planes y ambiciones (lo cual no quiere decir que vayan a ser altas), compras y ventas. Pero hasta que todo eso llegue, el Chelsea es sólo incertidumbre. Y la única certeza es su presente. El que pasa por esta eliminatoria y esta competición. Más allá del título, el equipo londinense se juega su estabilidad en la élite. Es el campeón y juega frente al rey del torneo. De seguir adelante, a pesar del incierto contexto, todo podría adquirir un cariz diferente. De caer derrotados, el golpe de realidad será tremendo en las semanas venideras sin nada por lo que luchar en la Premier League y una FA Cup que podría acabar siendo un bálsamo o el definitivo fin de ciclo.

El Madrid sigue en velocidad de crucero para ganar la liga. Pero ha caído en las dos últimas temporadas de la Champions League frente a equipos ingleses (el mismo Chelsea el año pasado y el Manchester City en 2020). Un nuevo traspié ante un equipo de la Premier League sería un mazazo de realidad y claudicación ante la mejor liga del planeta. Es su torneo pero la catarsis de los quince minutos del París Saint-Germain parece una quimera ante un señor equipo como es el Chelsea. Hará falta más que creer. Hará falta jugar bien al fútbol.