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Campeonato Mundial de Clubes

'Yonkis' de la caspa

9:34 GMT-6 09/12/22
Luis Enrique Spain 2022
Rubén Uría analiza el adiós de Luis Enrique

Genera división, dicen los que se enriquecen enfrentando a las aficiones. Fomenta las trincheras, dicen los que han montado su negocio sembrando odio. Es un provocador, dicen los que se pasan la vida provocando, porque millones de moscas no pueden estar equivocadas cuando les gusta el olor a mierda. ‘Stremea’ mucho y trabaja poco, dicen los macarras de la moral,  los que se pasan el día luciendo palmito en las nuevas tecnologías, lucrándose con eso, mientras el tipo al que machacan dona sus beneficios a la lucha contra el cáncer infantil. Desune más que une, dicen los parásitos del periodismo que creen que la selección les pertenece. Provoca discordia, dicen los charlatanes de feria que se ganan la vida asesinando la reputación de los demás. Ha hecho el ridículo, dicen los que se han pasado cinco años batiendo el récord del mundo del ridículo, mojando su ropa interior cada noche con el fichaje de Mbappé. Ha fracasado, dicen los que se ganan la vida hablando de los fracasos de los demás, ciscándose en todos y sin tirar nunca de la cadena.

Se va la víctima de una cacería mediática, de una operación de acoso y derribo que ha rebasado los límites de la decencia, con una avalancha sucesiva de historias retorcidas, cuentos chinos, palabras tergiversadas, audios manipulados y campañas orquestadas. Se marcha el seleccionador cuyo crimen intolerable consistió en ignorar a los que disfrutan con el dudoso arte de poner y quitar seleccionadores. Se va el hombre que ha tenido la dignidad de ser él mismo, con sus errores y sus aciertos, sin plegarse a los inquisidores que creen tener la capacidad para debatir sobre alineaciones, listas, actitudes y nuevas plataformas de comunicación. Se va el seleccionador que tuvo la dignidad de no coger por la pechera a los que le faltaron al respeto, a los que quisieron ajustar cuentas personales, a los que traspasaron la barrera del odio y a los que tuvieron la desvergüenza de vomitar bilis sobre dramas familiares ajenos.

Se va el seleccionador que cometió el error de querer ser independiente, el que más ilusión despertó después de Luis, el que tuvo la dignidad de no tragar con los adictos al imperio de la telebasura. Se va el tipo que despertó una ola de cariño entre los aficionados, que fue creciendo en relación inversamente proporcional: cuanta más leña le daban en la radio y en la tele, más le quería la gente. Se va el mejor seleccionador posible, con sus errores y sus aciertos, y se queda el peor periodismo posible, con sus fobias, sus ajustes de cuentas, sus campañas teledirigidas y su cuñadismo infinito. Se va un seleccionador que no nos merecíamos y se queda el asco de periodismo que nos merecemos. Se va Luis Enrique, se quedan los 'yonkis' de la caspa. Enhorabuena a los camellos del odio ajeno. A por el siguiente chute de mediocridad.

Rubén Uría