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Un torniquete para el Sevilla

4:08 GMT-6 16/01/23
Lamela Sevilla

OPINIÓN

El Sevilla se desangra y derrota a derrota se acerca a Segunda División. Los padres de la tragedia son múltiples y variados y cada aficionado es libre de aplicarles el grado de responsabilidad que desee a cada uno de ellos. 

Lo cierto es que en el momento en el que Monchi ha zozobrado en sus decisiones, todos los aparentemente sólidos pilares estructurales del club se han ido disolviendo como un azucarillo. El del director deportivo es el primer nombre señalado. La planificación veraniega ha sido un completo desastre en la que dos de sus seis fichajes ya se han marchado tras sólo unos meses y otro va camino de hacerlo. De los que siguen, Marcao vive lesionado, Telles no rindió y ahora también ocupa la enfermería y Nianzou, el único elemento que sigue apareciendo sobre el campo, sigue demostrando que está muy lejos de ameritar ser uno de los fichajes más caros de la historia del club. Capacidad y talento ha demostrado tener de sobra para que aún se pueda pensar en que puede darle la vuelta a la plantilla.

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Por encima de él aparece una directiva que se ha acostumbrado a gastar demasiadas energías en conservar el poder del club en lugar de ejercerlo. Negar los éxitos de Pepe Castro como presidente del Sevilla es de necios. Tan de necios como querer hacer ver que la peor crisis deportiva del Siglo XXI es anecdótica o esperar que el sevillismo no se moleste o no sienta que le están tomando el pelo cuando pasas meses anunciando fichajes y 16 días después de que se abra el mercado hay más bajas que altas en una plantilla que se desangra deportiva y anímicamente. 

Los gestores del Sevilla hicieron hace bien poco que su infantería soñara con los hitos más inalcanzables. Han demostrado que saben de qué va este negocio, que son capaces de formar equipos campeones. Por eso su inacción ante la catástrofe es aún más irritante para una grada que asiste atónita a ver como el club está en la UCI  y los doctores no le aplican ninguna medicación. 

Mientras tanto, la situación económica no se corresponde con la de un club que ha disputado tres años seguidos la UEFA Champions League y que lleva 10 seguidos jugando en Europa. La renuncia a su modelo de negocio de fichar jóvenes baratos y revalorizarlos para tomar un atajo de fichar a veteranos sobrepagados para instalarse aún más en la élite ha sido un fiasco. Como consecuencia, la plantilla aparece envejecida, con pocas opciones de vender jugadores, con poco físico, poco gol y pocas posibilidades para jugar a algo distinto de lo que ya no le está dando resultado. 

En el banquillo, Jorge Sampaoli es ahora también señalado por su estilo de juego poco práctico para este tipo de situaciones agobiantes como mostraron los goles encajados en Girona. Sin embargo, fuera o no el técnico idóneo para sustituir a Julen Lopetegui, el argentino no ha tenido casi ninguno de los refuerzos que le prometieron a su llegada y ve cómo su plantilla lejos de crecer se debilita semana a semana entre lesiones, salidas y sanciones. Tan cierto es que no ha conseguido cambiar la dinámica como que tiene demasiados palos en su rueda para conseguir competir con regularidad. Su salida sería una nueva huída hacia adelante si al menos no le dan antes mimbres para poder cambiar algo.

En esta situación, José María del Nido ha pasado en cuestión de semanas de ser visto como un villano desestabilizador por la mayoría a una suerte de salvador al que se agarra el sevillista más hastiado. Su beligerancia al menos insufla cierto optimismo a una parte de la afición que ve como su Sevilla se desangra. De un bando u otro de los que pelean por dirigir el club, o en el mejor escenario con ambos unidos por un objetivo mayor, debe llegar un torniquete que pare la hemorragia. Con media Liga por jugarse aún hay tiempo para que los actuales gestores eviten el cataclismo y conserven la reputación que bien se ganaron en los años de gloria pero ya no es tiempo de excusas ni de promesas y sí de hechos.