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Las juveniles del fútbol argentino: entre el juego y la repetición

8:15 GMT-6 31/12/21
juveniles futbol argentino
Argentina siempre se caracterizó por el talento de su cantera y actualmente los jóvenes son un pilar de nuestra liga.

En el fútbol no hay recetas infalibles. Julián Álvarez, la figura del actual campeón, tuvo un proceso de tres años hasta llegar a su rendimiento actual. Pero también está el caso de Santiago Simón, que necesitó mucho menos tiempo para insertarse a la dinámica competitiva de Primera, o bien José López de Lanús, que es una de las revelaciones de la liga y prácticamente no pisó Reserva.

Los equipos suelen amoldarse al contexto del país para armar sus planteles, actualmente el torneo nacional tiene gran cantidad de futbolistas menores a 23 años. River Plate promedia casi un 40% en su plantel, mientras que Boca un 43%. Por eso surgen preguntas sobre cómo deben transitar el camino del perfeccionamiento estos jugadores.

“Nosotros bajamos la metodología para jugar, incluso los sistemas de juego. Jugamos desde cuarta división (y ahora también en Reserva) con el 4-3-3 y elegimos jugadores para eso. Después en sexta, quinta y cuarta división, ampliamos el panorama e incorporamos la táctica 5-3-2. Creemos que con esos dos sistemas el jugador abarca todos los demás. Para jugar con línea de tres o de cinco, como le querramos llamar, las categorías más chicas tienen recorridos muy largos, entonces no creemos conveniente hacerlo. Por eso lo hacemos a partir de sexta división. De ese modo, el jugador llega nutrido de una manera completa en cuanto a los esquemas tácticos”, comenta Maximiliano Velázquez, coordinador general de las inferiores de Lanús.

No sorprenderá a nadie que esta institución tenga un 61% del plantel menor a 23 años. En el Granate le dan prioridad al pase, control y perfiles. Pero también, un día a la semana se especializan en trabajar específicamente en cada puesto. Todos tienen un objetivo: los defensores centrales deberán cabecear bien, cerrar con las dos piernas, romper líneas con pase y hacer cambios de frente. Los laterales lo mismo que los centrales, pero se les suman terminaciones en ataque. Los volantes deben romper líneas con pase y los delanteros principalmente definiciones.

En Boca pasa algo similar. Según Walter Pico, entrenador de la quinta división, recientemente campeona, todos juegan igual, pero en el transcurso del partido pueden variar el sistema de juego. Si hay que hacer cambios tácticos, lo hacen. El sistema, cabe aclarar, no tiene que ver con el modelo de juego: uno es el dibujo, el número y el otro es cómo un equipo se para frente a su rival, si se juega alto, medio o bajo.

El formador Xeneize busca perfeccionar todo de los jóvenes, pero también pone en contexto las distintas edades: “Primero mejorar el entendimiento del juego, los posicionamientos, las alturas donde hay que jugar, cómo se debe jugar en un lugar o en otro; la parte física también, la mental con mejor toma de decisiones. Todo el tiempo tratamos de corregir por esos caminos que llevan a un mejor jugador”.

En estos aspectos, la idea se emparenta a los pensamientos de Carlos Salvador Bilardo y César Luis Menotti. La formación de los niños y adolescentes es uno de los pocos puntos de contacto entre las dos insignias del fútbol argentino. El primero dice que en las etapas de formación no importa el resultado, sino que se tiene que gestar un jugador técnico para que después se pueda amoldar a distintas tácticas, el segundo privilegia la depuración técnica ante todo.

El recorrido de los jóvenes por una institución deportiva es largo, por lo tanto, es evolutivo. No se enseña a todas las edades por igual ni tampoco se practica con la misma intensidad.

Rubén Rossi es el actual director del Área de Fútbol Formativo en la Escuela de Entrenadores Menotti, pero también fue director de fútbol Infanto-Juvenil en Unión, River Plate, Quilmes y Colón; y considera que la formación se debe dividir en tres: “En la etapa infantil se necesitan ayudadores, y esa es la etapa de la fundamentación donde el gran maestro es el juego. En la etapa juvenil se necesitan formadores, donde hablamos de la conceptualización de acuerdo al puesto en el que juega el jugador y a sus condiciones naturales. Y ahí ya hablamos de entrenar. En el fútbol profesional ya tiene un director técnico que trabaja sobre las tácticas y sistemas y necesitan del ensayo”.

Es que el fútbol es un juego complejo, donde replicar acciones pasadas es imposible y lo que vendrá es incógnita. Cada jugada es única, y la interpretación es una parte tan importante como la técnica. En 2018, el por entonces entrenador de Independiente, Ariel Holan comentaba que los futbolistas pasaban muchas horas en los clubes desde muy chicos y llegaban a Primera División sin saber cabecear con ambos perfiles ni patear con las dos piernas. “Tampoco tienen herramientas técnico conceptuales, es decir, muchas veces les cuesta entender el juego que juegan”, cerraba el entrenador.

La historia es dinámica, las costumbres de otras épocas pueden modificarse en la actualidad. Una de ellas es la forma de jugar de los niños. El avance de la tecnología les hizo perder contacto con el mundo analógico, por lo que pasan menos horas con el balón. Según un informe de UNICEF (2018), jugando los niños aprenden a establecer un plan y seguirlo; aprender mediante ensayo y error; utilizar la imaginación y las competencias de resolución de problemas; razonar de manera lógica y analítica; comunicarse con los compañeros; obtener satisfacción de los propios logros; desarrollar la creatividad y explotar la estética y la destreza artística.

“Antes, el niño jugaba cinco horas en la calle, hoy no sucede. Pero precisamente, si las únicas dos horas que un niño está en un club, en vez de jugar a la pelota se dedican a hacer entrenamientos descontextualizados, analíticos, donde el niño no toma ninguna decisión, donde no aprende a manejar el tiempo, espacio y engaño, difícilmente aprenderá a jugar a la pelota”, expresa Rossi al respecto. El simple hecho de jugar es una forma de entrenar y de permeabilizar conceptos. Ya no hace falta la repetición sistemática, sino la interiorización en un contexto lúdico.

Pero ni la técnica ni la táctica explicadas y enseñadas en su mejor expresión agotan la formación o completan la experiencia de un infantojuvenil, porque este es, ante todo, un ser humano. El fútbol no es solo lo que pasa en el campo de juego, tampoco depende completamente de lo que pasa por los pies. Hay otras instancias donde los formadores tienen que poner la lupa.

Ariel Holan también reflexionó sobre la mejora de tres pilares: “Primero infraestructura, es difícil producir buenos futbolistas en campos de juego que no están en condiciones. Capacitar a los entrenadores, muchas veces en el fútbol infantojuvenil hay gente que no está capacitada porque no tiene herramientas pedagógicas para tratar con chicos de acuerdo a la edad, ni tampoco conocimientos metodológicos para poder llevar a la práctica un proceso de entrenamiento. Y una vez que esté resueltas esas dos, tener una competencia que esté adecuada al nivel cronológico y cognitivo de los chicos que juegan”.

Durante una década Thomas Tuchel fue entrenador de divisiones juveniles en Alemania, en ese lapso buscó la perfección para los jóvenes, pero en retrospectiva reflexionó: “Media cancha, una televisión y un grabador de video es suficiente”, ya que es imperioso para los chicos enfrentarse a dificultades. Pero por estas latitudes la realidad es bien distinta: “Las mejores condiciones que podamos tener las tenemos que tener. Nuestros chicos ya vienen con demasiados problemas de la casa. Entonces si nosotros le llevamos problemas también desde el club y no se disfruta el entrenamiento para mi es un error”, comenta Maximiliano Velázquez.

“Muchas veces nos pasó que había chicos que venían sin cenar ni desayunar y uno le quería exigir, pero el chico no podía responder. Es un puñal en el corazón”, agrega. Por eso Lanús ha sabido tomar la iniciativa de ayudar a los jóvenes del club. En épocas pre pandémicas brindaban el almuerzo a 150 chicos. Además, actualmente cuenta con un departamento de psicología y un trabajador social para ayudar en caso complejos.

La experiencia de Walter Pico dentro de las juveniles lo lleva a reflexionar de una manera similar, en su caso, además de infraestructura, busca mejorar el traslado de los niños y adolescentes entre provincias. Esto es importante, ya que el buen descanso es parte fundamental de cualquier deportista. “Me gustaría cambiar a nivel global… No se puede viajar a Tucumán y tardar dos días, tampoco pueden venir los chicos del Interior (que vienen todas las semanas), dormir en el micro y jugar. El Estado, si quieren algo mas federal y competitivo, podría ayudar en ese sentido para que estén todos en la misma condiciones”.

Un paso interesante de cara al apoyo hacia los juveniles se dio en diciembre de 2020, cuando el Ministerio de Educación firmó un convenio con la AFA para que todos los jóvenes de inferiores estén escolarizados obligatoriamente y se les brinde acompañamiento en sus estudios, puesto que de otro modo no podrían ser convocados por los clubes.

En definitiva, el trabajo formativo es uno de los más difíciles dentro de la industria del fútbol. Hay diversas aristas a las que prestar atención: técnica, táctica, lazos sociales, entre otras, y si no son tratadas con igualdad de responsabilidad se puede hacer mucho daño a jóvenes con sueños de gloria. Por eso, no debemos dejar de hablar y pensar el fútbol que queremos para nuestros chicos.