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Atlético Madrid

'Cholista', y a mucha honra

10:16 GMT-5 19/10/22
Diego Simeone

Hay quien dice que el ‘cholismo’ es un año sin Champions y al otro, lo mismo. Que es un estilo rácano, que no da éxitos, un movimiento orquestado por un entrenador que tiene secuestrada a una institución y abducida a la afición. El ‘cholismo’ es una secta, dicen. Más allá de la porquería de los telepredicadores habituales - tienen el conocimiento justo para pasar el día-, que son felices cuando de asesinar la reputación de Simeone se trata, esa corriente, extendida cual gota malaya, ha ido calando entre sectores atléticos, filtrándose como el agua entre las rocas. Hay atléticos que reniegan de Simeone, otros que prefieren hundirse en su barco y otros que llevan años implorando un estilo de juego más atractivo, porque se han cansado de la pizza casera y son más de mariscada. Y los hay que creen que lo mejor es cambiar de caballo en mitad del río, como si prescindir de Simeone tuviera algo que ver con el 'cholismo', como si no hubieran entendido nada durante la última década. 

Dicen que el ‘cholismo’ es un año sin Champions y al otro lo mismo, pero con esa filosofía, el Atleti, que en toda su historia sólo ha jugado tres finales de Copa de Europa, jugó dos siendo ‘cholista’ y se quedó a un poste y un minuto de conquistar dos ante un equipo al que, en sus últimas veinte finales, sólo le ha derrotado el Atleti en tres ocasiones. Dicen que el ‘cholismo’ es un estilo rácano, que no da éxitos, pero en más de un siglo, el Atleti jamás había vivido una década como la del ‘cholismo’, con 8 títulos en 10 años. Dicen que el ‘cholismo’ es un movimiento orquestado por un señor que tiene secuestrado un club y abducida a una afición, pero la realidad es durante la era ‘cholista’ se multiplicó por cuatro el presupuesto y se logró que la afición soñara hacer posible lo que todos les decían que era imposible. Dicen que el ‘cholismo’ es una secta. Y ahí, tienen razón. Es una secta formada por personas que se niegan a reconocer un fin de ciclo que les llevan vaticinando durante diez largos años. Dicen que el ‘cholismo’ es demagogia, pero ser campeón no es un título, sino una actitud. 

¿Qué es el ‘cholismo’? ‘Cholismo’ es perder, renegar del carné cien veces y volver a sacarlo el año siguiente. ‘Cholismo’ es salir derrotado, dudar de la fidelidad de tu hijo y que el chico se ponga la camiseta para ir al colegio, al día siguiente, porque no se quiere bajar del barco. ‘Cholismo’ es resistir el chiste fácil en la oficina, con los que presumen de Champions como banda sonora, mientras se insiste en no cambiar Neptuno por su pasarela Cibeles. ‘Cholismo’ es es ganar a los mejores y saber que un día puedes perder contra los peores. ‘Cholismo’ es levantarse después de cada paliza, aunque uno no tenga ganas de hacerlo. ‘Cholismo’ no es Simeone, ni es un entrenador. Es una pasión, un sentimiento, una manera de sentir y de vivir. ‘Cholismo’ es el ‘aragonesismo’ tuneado 2.0. ‘Cholismo’ es la aldea gala rodeada de romanos, es resistencia y rebeldía. ‘Cholismo’ no es una etiqueta, ni una moda pasajera, ni un eslógan barato.Cholismo’ es, en realidad, lo que siempre ha sio el Atleti de toda la vida. Luchar como hermanos, defendiendo los colores. Identidad, trabajo, defensa fuerte y contragolpe.

Si alguien duda del ‘cholismo’ como camino, si alguien presumía de creer y ha dejado de hacerlo, debería reflexionar sobre cómo es posible que el entrenador del eterno rival se sienta feliz porque se dice que su equipo es ‘cholista'’. Cabe preguntarse en qué lugar del camino el Madrid ha sido capaz de incorporar esa cultura del esfuerzo a su talento, y por qué el Atleti se ha creído que podría dejar de esforzarse como si fuera el Madrid. Cabe preguntarse en qué momento el Atleti se ha acomodado, mientras el Madrid empieza a abrazar la defensa fuerte, la contra rápida y el espíritu de equipo, las armas que el Atleti usaba para hacérselas pasar putas. Cabe preguntarse si el Atleti puede permitirse el lujo de abandonar el ‘cholismo’ como el juguete roto al que los niños dejan tirado en un rincón de su cuarto, pasando del favoritismo al olvido. ¿Puede? Creo que no.

Se puede ser 'cholista' y criticar a Simeone, se puede ser 'cholista' y no compartir sus ideas, sus planteamientos o alineaciones, y se le debe exigir, porque ha demostrado lo mucho que puede dar, heredando un muerto y forjando un campeón. Se puede ser ‘cholista’ y ser de otro equipo, se puede ser 'cholista' y jugar con esa mentalidad, incluso sin vestir de rojiblanco, pero no parece justo ser del Atleti y renegar de la esencia ‘cholista’. Ese y no otro, es el método que ha llevado al Atleti a lo más alto. Esa fuerza, y no otra, fue la que hermanó al Atleti como nunca. Nadie es menos atlético por no creer en ello, pero sí deja de serlo o parecerlo si menosprecia todo lo logrado. Sí, ser ‘cholista’ es ser miembro de una secta. De una que va más allá de un entrenador, un grupo, un jugador, un ídolo, un título o un descenso.

Ser ‘cholista’, y a mucha honra, es otra cosa. Es formar parte de una manera de ser y de viivir, incluso de creer y ensanchar el alma. Es impulsar una identidad feliz de pertenecer a una familia que nada contracorriente y resiste contra viento y marea, aunque la quieran desunir, porque es una tradición de padres a hijos. Ser ‘cholista’ no es ser mejor que nadie, pero consiste en sentirse orgulloso de lo que quiere ser. El día que el Atleti pierda eso, lo perderá todo. Porque, pase lo que pase, el ‘cholismo’ ha conseguido que muchos hayamos descubierto, durante estos diez maravillosos años, que el Atleti siempre será un regalo que nos hace la vida. ¿'Cholista'? Sí, y a mucha honra.

Rubén Uría

Rubén Uría