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Ahora que Xavi es una piñata...

10:39 GMT-5 17/10/22
xavi hernandez
Rubén Uría analiza las críticas que está sufriendo el entrenador del Barça

Xavi está en el suelo. Se ha convertido en una piñata humana y el personal le da collejas. Hay quien sostiene que el Barça le queda grande, que está verde, que no da la talla ante los grandes y que, para este viaje, no hacían falta ni esas alforjas, ni esas palancas. El efecto Xavi se ha evaporado, el periobarcelonismo cuestiona y las 'viudas de Koeman' salivan. Explicar que si Xavi no fuese una leyenda, y se llamase Setién, Valverde o Martino, estaría en la cuerda floja, es descubrir el fuego. Y airear estadísticas negativas para insinuar que es peor que Koeman, se desmiente con un hecho irrebatible: Ronald salió en globo cuando el Barça era noveno y Xavi acabó el curso segundo. Fin de la cita.

Aunque no es Cruyff, ni Guardiola, ni Luis Enrique, Xavi llegó para que el equipo jugase mejor y cumplió su misión, respetando el estilo, instaurando amplitud, tercer hombre y presión tras pérdida. Este curso, tras la venta de activos y los grandes fichajes, los aficionados gritaban a los cuatro vientos que el Barça había vuelto. Desatada la euforia, Xavi asumió que toda la presión sería para él. Si ganaba, cosa de los jugadores. Si perdía, culpa suya. Tras un arranque de caballo andaluz, ahora ha llegado una parada de burro manchego. Cuatro citas grandes, cuatro bofetadas. Bayern, Inter (dos veces) y Madrid medían la estatura de este Barça. Y no ha dado la talla. Xavi no es el único culpable, pero sí el gran responsable.

Laporta ya avisó: “Perder tendrá consecuencias”. Las tendrá. Y Xavi no quiere conocerlas. Sabe que el club no se puede permitir otro año de naderías, tiene grandes jugadores y sabe que en el Barça no existen los años de transición. La cuestión es qué hará ahora que se ha convertido en el saco de los golpes de media España, después de estrellarse en el Bernabéu. Es lógico que Xavi quiera seguir siendo el fundamentalista número uno del estilo en el que cree y predica, pero para sublimar la obra de Pep y Johan, antes necesita demostrar que es un líder. Necesita recuperar la autoestima del grupo, tomar decisiones y apostar por los jugadores que tengan rebeldía y hambre. Debe trabajar la presión, generar automatismos, encontrar nuevas maneras de atacar y corregir los desajustes de una defensa de cartón piedra, porque los equipos siempre se construyen de atrás hacia adelante y no al revés.

De propina, tiene que darle una vuelta a su discurso, porque sus excusas apestan a ‘meme’. Cada vez que el Barça muerde el polvo, el personal recita de memoria, con socarronería, la cantinela que repite Xavi: ‘hemos dominado’, ‘fuimos superiores’, ‘merecimos más’, ‘el fútbol ha sido cruel’, ‘ya lo habíamos hablado’ y por supuesto, los recurrentes ‘errores puntuales’. Xavi sigue siendo un proyecto de entrenador interesante, una apuesta de riesgo, un técnico con una idea reconocible y un barcelonista de cuna que conoce la casa como la palma de su mano. Llegó para mejorar el fútbol del Barça y lo logró. Ahora su equipo ha involucionado y preocupa más la falta de juego que sus malos resultados. Y ahora que vienen curvas y se duda de su capacidad, es el mejor momento para que Xavi se mida a sí mismo. Si quiere un Barça valiente, no puede tener miedo. Debe tomar decisiones, mojarse y liderar. Algunos aún creen en Xavi. Ahora le toca a Xavi demostrar de qué pasta está hecho. El camino pasa por dejar de pronunciar la palabra autocrítica y aplicársela. Con personalidad, determinación y valentía. Sin 'errores puntuales'.

Rubén Uría