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Opinión

Ibaigane tiene que ponerse a renovarlos

8:00 a. m. COT 6/04/22
Iñigo Martinez Sancet Ahtletic

No diré que el Athletic suela ser siempre una balsa de aceite, pero sí que comparando al club de Ibaigane con otras entidades similares, es un lugar magnífico en el que sentarse a ver la vida pasar parapetado tras una manta y un poco de vino y buen jamón. Hasta en los momentos más agitados, las convulsiones vividas en Bilbao pueden invitar a la carcajada si se establece un parangón con lo que llega desde Barcelona, desde Valencia o desde Madrid, según las épocas.

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Prueba de ello es que las elecciones –presuntamente a la vuelta de la esquina– apenas están haciendo que ni los más exaltados digan una palabra más alta que la otra. Ahora, lo más próximo es lo de la grada de animación, que cuenta con una chavalería terriblemente a favor y unos socios más aseñorados a los que les parece, en términos generales, un capricho de chavales ruidosos que buscan ir al fútbol pagando menos. Así, expuesto todo ello a brochazos poco cuidados.

Como decía, la tranquilidad que se disfruta en Bilbao hace que los asuntos diarios se ventilen con un simple arqueo de cejas o con las preguntas de baño y masaje que se van apilando en las distintas comparecencias de la sala de prensa de Lezama. Ni una palabra más alta que la otra, salvo honrosísimas excepciones. 

Con un precandidato ya confirmado para la carrera hacia el sillón del palacio de la Alameda de Mazarredo, otro sin expresarlo públicamente pero también en esa línea y, al menos, uno más que se sumará para formar una terna de la que debería salir el sustituto de Elizegi, se echa de menos que la tropa saliente –responsables deportivos incluidos– no parezca que vayan a ofrecer nueva alguna al respecto de dos tareas que se nos antojan esenciales a cada vez más espectadores de sus movimientos.

Uno de los solomillos a los que nada apunta que se le esté hincando el diente es el de las renovaciones de dos integrantes de la espina dorsal del primer equipo. Un par de jugadores, tan distintos como distintivos, cuyo hipotético interés en buscar pastos más frondosos supondría un golpe a la línea de flotación de una plantilla que no pinta mal en el medio plazo.

Tanto Iñigo Martínez como Oihan Sancet terminan, hoy por hoy, su vinculación con el Athletic el 30 de junio de 2023 y sin ellos, el equipo perdería tantos quilates como para verse relegado a la categoría de bisutería, por más que haya otros tantos o más elementos que remitan a pensar que la calidad los acompaña.

¿Por qué la junta directiva saliente y la dirección deportiva que le va a acompañar a cerrar la puerta desde fuera no ha hecho asomar la más mínima ilusión a este respecto para que la afición se dé un respiro en lo extradeportivo? Debatir sobre la pertinencia de la grada de animación y la posibilidad de actualizar unos estatutos del medievo es perfectamente compatible con realizar un trabajo impecable en asegurar la continuidad de las joyas de la corona. Que los acuerdos con Balenziaga y Dani García no son lo que se espera como agua de mayo de quienes han de asegurar el futuro del equipo como sabe hasta mi hijo de diez años.