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Freddy Rincón, el fallido Gullit del Napoli que solo bailó un año en la Serie A

11:15 a. m. COT 14/04/22
Freddy Rincon Colombia
Tras un inolvidable gol en Italia '90, el ídolo de Colombia alternó pausas con algunos destellos en Napoli. No le fue mejor con el Real Madrid.

La cara se contrae en un ceño fruncido. La mente ya empieza a correr sola, libre y distante. La pregunta en realidad no surge de los labios, sino de los codos en la cabeza: "¿Pero dónde terminé?". Han pasado tres meses y Freddy Rincón aún no se ha dado cuenta. Aterrizó en la Serie A en el contexto ilusionante de un casi treintañero en ayunas del fútbol europeo, pero la relación con el Napoli no está funcionando. Nada. Y para complicar la situación está ese malentendido táctico tan extraño de entender: el entrenador de ese equipo, Vincenzo Guerini, lo está desplegando en el rol de atacante, pero el jugador no sabe cómo hacerlo, nunca lo ha hecho. Es mediocentro, mediocentro de inserción. Y en el campo se nota.

Rincón está perdido. Y la situación del Napoli 1994/95, su única temporada en nuestra liga, no le ayuda. En los amistosos dio buenas señales, él mismo marcó en el 2-0 ante el Chelsea, pero el fútbol de agosto es el fútbol de agosto. A partir de septiembre la música cambia. En los primeros exámenes reales, los napolitanos se derriten como la nieve al sol. Supera al Reggiana en el último minuto gracias a una hazaña de Benny Carbone, luego pierde en Cremona y con la Juventus. Un atrevido 3-3 contra Genoa es el preludio del drama deportivo. Otro 3-3 en casa ante el Padua, cinco bofetadas se lleva ante el Lazio de Zeman y el destino de Guerini está sellado: está fuera. Con el equipo, que el año anterior acabó en sexto lugar para clasificarse para la Copa de la UEFA, en plena zona de descenso.

El Coloso solo lleva unos meses allí, desde el verano posterior al Mundial de Estados Unidos. El Napoli, en plena decadencia técnica y económica tras las parrandas de la era Maradona, tardó en olvidar los muchos rostros conocidos que se han ido. Ciro Ferrara, sobre todo, voló a la Juventus para abrir un ciclo de triunfos. Pero ya ni siquiera está Paolo Di Canio, otra carta más del Milán estelar de Berlusconi. Y tampoco Daniel Fonseca, que se fue a la Roma. Sobre todo, ya no existe Marcello Lippi, el barquero de Europa. Él también fue seducido por la Juve, él también fue incapaz de decir que no. Para contener costes, una empresa en pleno cambio tras la marcha de Corrado Ferlaino se ha centrado en Guerini. Viene de la B, de Ancona. Y es humilde: "Si todavía estuviéramos en la era de Maradona, el entrenador sería Trapattoni, no yo".

De Trap a Guerini. Desde Diego, Careca y Alemão hasta Rincón. Lo llaman el 'Coloso de Buenaventura', porque tiene un físico macizo y mide cerca de un metro noventa. Este no es un objeto desconocido. Al contrario: en Colombia es venerado casi como un dios del fútbol. No tanto por los inicios en Santa Fe, completo con un doblete al principio como profesional. Ni siquiera por los títulos nacionales ganados con el América de Cali. Tampoco por sus actuaciones en el temible Palmeiras de mediados de los 90, el de Rivaldo, Edmundo y Roberto Carlos.

En casa lo quieren porque en 1990 marcó un gol histórico. Justo en Italia. Su noche mágica, en realidad un atardecer, se escenificó en San Siro el 19 de junio. Contra Alemania, vigente vicecampeona y futuro triunfo bajo el cielo romano. Littbarski le dio la ventaja a los alemanes en el minuto 88, condenando a Colombia, en su segunda participación en una final de la Copa del Mundo, a un rápido regreso a casa. Pero en el tercer minuto del tiempo añadido apareció él, Rincón. Recibió un pase iluminador de Valderrama, se presentó ante Illgner y le metió el balón bajo las piernas. Por primera vez en su historia, Colombia ha pasado a octavos. Es un gol que hizo exclamar a un comentarista local: "¡Dios tiene razón, ya está, está claro!". Y que, después de más de 30 años, sigue teniendo un valor muy fuerte. Tanto es así que el hijo de Freddy, que ni siquiera había nacido esa noche, se tatuó la silueta de su papá en la pierna hace un par de años.

El verdadero vértice, el punto más alto posible, al que llegó Colombia tres años después, fue contra Argentina. La albiceleste salió a la cancha y fue degollada bajo el peso de gol tras gol. Uno dos tres CUATRO CINCO. 5-0. En el Monumental de Buenos Aires. Rincón marcó un par y Asprilla (otro doblete) y el “Tren” Valencia se encargó del resto, visto tiempo después en Reggio Emilia. Al final todos vitorearon. Incluso la afición contraria. Incluso Diego Armando Maradona, quien antes del partido había pronunciado una frase que ha quedado en la historia: "Todo debe seguir como está: Argentina arriba, Colombia abajo".

Pelé quedó completamente impresionado por esa actuación. Y no solo de eso. Mucho que decir: “Colombia es mi favorita para el Mundial”. Pero su profecía se convirtió rápidamente en el clásico beso de la muerte, porque en Estados Unidos la máquina de guerra de Pacho Maturana se ha convertido en un Ejército brancaleone cualquiera: derrota en el debut ante Rumanía, derrota ante los anfitriones, inútil, 2-0 ante Suiza. El desvalido más creíble se estrelló contra el suelo incluso antes de intentar tomar vuelo. Rincón también decepcionó. Y al final de ese Mundial vivió junto a toda una nación el verdadero drama, el que eclipsó todo lo demás: el asesinato de Andrés Escobar.

El viaje para el olvido en Estados Unidos no afectó la confianza del Napoli en Rincón. La gerencia lo vio, lo buscó y se lo llevó. También gracias a la colaboración de Parma y del patrocinador Parmalat, que gestionaba tanto los italianos como al Palmeiras. Cuando Freddy llega a Italia, todos quedan asombrados. “Parece tallado en mármol, en su cuerpo se podría estudiar la anatomía, sus músculos son tan perfectos”, se asombra el médico del equipo. Trap aprueba 'La Stampa': “Me gusta, le había seguido mucho en el pasado. Si el Napoli, así renovado, engrana, será fundamental. Encontrará el ambiente ideal”. Y Guerini, el entrenador, va más allá: “Ojalá Freddy fuera nuestro Gullit”.

El problema es que Rincón no está demasiado de acuerdo: "También puedo intentar jugar a Gullit, hago goles, pero no soy un punta". Aquí está, la captura táctica. Guerini lo ve como lo que no es: un atacante. Y lo ubica como tal, al lado del Cóndor Agostini y por delante del Benny Carbone. Freddy lo intenta, rinde en algunos números, en su debut con Reggiana toca dos veces la red, pero no convierte. Como todo Nápoles. Que en el quinto día, sin embargo, tiene la oportunidad de hacerlo. Al San Paolo llega el Padova desvalido, cero puntos y cero goles en 360 minutos. Termina con un impensable 3-3 (del 3-1, y con los venecianos en 9 contra 10), aunque Rincón deja su impronta con un doblete. Su primero en la Serie A. Aquí está, piensa todo el mundo. El objeto misterioso finalmente se está revelando. Sensaciones parcialmente confirmadas una semana después con una asistencia de Pecchia en la Lazio. El que, sin embargo, por un pequeño detalle, triunfa con un contundente 5-1. Para Guerini es el final: en su lugar llega Vujadin Boskov.

Con el ex Dorian en el banquillo, el mundo de Rincón parece cambiar. La táctica, al menos. Como atacante, el colombiano finalmente se retira en la mitad del campo, entre la mediana y la primera línea, con licencia para entrar por detrás. Empezó el campeonato con el 10 al hombro, ahora tiene el 4. Pero no es que el cambio tenga todos estos efectos desde el punto de vista del rendimiento. El héroe de Italia '90 sigue sin encontrar la posición adecuada, lucha por causar impacto. Durante el mercado de reparación de noviembre, el Napoli lo negocia con el Atlético de Madrid y el Benfica. Tras un 1-1 a la Roma en el que una vez más el colombiano no brilló, Boskov admite: "Tengo que recuperarlo psicológicamente". El nuevo presidente del Napoli, Ellenio Gallo, baja con fuerza: "Ferlaino se lo llevó estando yo enfermo: yo quería a Fernando Couto".

“El embrollo de Rincón es uno de los misterios del fútbol -escribe 'La Stampa' tras la eliminación de la Copa de la UEFA a manos del Eintracht Frankfurt- La involución del colombiano es más de origen psicológico que técnico y deportivo. Boskov le había confiado el rol que él prefiere, el de centrocampista ofensivo, pero su confianza no fue recompensada”.

Freddy sigue así, entre una actuación aburrida y el banco de suplentes. Hasta las primeras semanas de 1995, cuando Rincón tiene un destello: marca tres goles seguidos, en Génova, Reggiana y Cremonese, y es candidato a hombre sorpresa para el final de temporada. Finalmente ya no es un fantasma: vuelve a ser el "Corsario Negro", como lo bautizó Raffaele Auriemma a su llegada a Italia. Pero la relación con una parte de los "tifosi" no se ha reparado. Algunos seguidores continúan apuntándolo. Y el 10 de febrero, días antes de ejecutar su salida, el jugador habló con los periodistas. Está al borde de las lágrimas, destrozado por dentro. Y construye, pieza por pieza, una salida completa:

"Me siento un preso de esta ciudad -sus palabras, recogidas por 'Repubblica'-. No salgo de casa, no conozco ni las calles de Nápoles. Cuando puedo, corro lejos. A Bari, o a Roma, para pasar mi día libre. Aquí no aguanto más, no veo la hora de que termine el campeonato. En la calle me insultan, me dicen cosas malas, cosas desagradables... Tenía miedo, claro.Para mí se ha convertido en un infierno, se pueden las cosas que me dicen.Yo sólo sé que hay tantas maldades. Que, si hubiera sido más joven, inmediatamente me hubiera fugado de esta ciudad... Nadie me ayudó. Mi batalla la peleé sola. Al principio, mis compañeros me invitaban a salir con ellos. Muchas veces me negaba, por mi timidez. Luego ya nadie lo hizo. Y la compañía: olvídalo. Escuché con mis oídos a un gerente decir sobre mí: "él no es un jugador de fútbol". Otros nunca me han ayudado. En Nápoles no tengo amigos, solo conocí a uno que está fuera del fútbol, ​​​​se llama Armandino y es taxista: me hizo entender muchas cosas, si sigo adelante también se lo debo…”.

Rincón ya sabe que su aventura napolitana terminará al final de la temporada. Lo que no sabe es que aún no ha llegado la velada más emocionante de todas, aquella por la que aún hoy se le recuerda. 12 de marzo del '95, un mes después: se juega Napoli-Lazio, aplazamiento vespertino. Casiraghi marca, luego Casiraghi vuelve a marcar. Al final de la primera mitad, Napoli, que lucha por un asiento en la UEFA, está abajo por dos. Pero en la segunda parte aparece el hombre que no esperabas: el 1-2 y el 2-2 los marca Freddy. Y tras un penalti fallado por Carbone, llega también el 3-2 de Buso. Una apoteosis. Napoli sueña con Europa, la toca con los dedos. Pero la cabeza de Marco Delvecchio vence in extremis la resistencia de Padua y lanza al Inter en la sexta posición, dejando fuera de copas a los Azzurri. Regresarán allí recién en 2008.

Rincón cierra su año en claroscuros con veintiocho partidos y siete goles. No es un campeón y lo demostró. Pero tampoco un objeto inerte. Tanto es así que la siguiente etapa se llama... Real Madrid. Jorge Valdano, el entrenador, lo quiere. Juega en la Champions League, también en Turín contra la Juventus, pero no hay forma de abrirse paso. También porque ese es el peor Real de los últimos treinta años, séptimo en Liga e incluso fuera de Copa. Los problemas, para Freddy, surgen prácticamente de inmediato. Porque una franja de la afición no lo quiere. Y no se fija tanto en sus habilidades sobre el terreno de juego, sino en el color de su piel. Y si consideras el hecho de que el colombiano simplemente no liga con el vestuario, el cuadro está completo.

“Tenía que haber sido blanco -le dijo a 'Gol Caracol' en 2020- no viví el racismo en el día a día, pero dentro del Real Madrid sí. Con Valdano la situación era complicada, la presión de él era grande. En el vestuario el ambiente era pesado, había mucha gente, mucho orgullo, estás en el equipo más grande del mundo y puede pasar. Pero fue lindo estar ahí, encontré buenos amigos”.

El verdadero problema de Rincón, además de la liberación rápida de Valdano, es que no gusta en los pisos superiores. Y en especial a Lorenzo Sanz, vicepresidente que asumirá la presidencia de la Real a partir de noviembre de 1995 y que enseguida dice de él: "Llevarlo fue un error". Freddy diría más tarde: "Me dijo que si llegaba a ser presidente, yo sería el primero en irme". La amenaza se convierte en realidad. No inmediatamente: en el verano del '96. Regreso a São Paulo, primero a Palmeiras y luego a Corinthians. Donde el ex Napoli retrocede aún más su posición en el campo, acabando siendo mediocampista en todos los sentidos. La curiosidad es que, cuando unos años después viaje a Brasil en busca de talento, Sanz quedará impresionado no por una nueva joya en ciernes, sino por la actuación de este... Rincón.

Freddy espera, espera, espera. Y al final consume fríamente su propia venganza personal. En 2000, Real Madrid y Corinthians están incluidos en el mismo grupo de la edición piloto del Mundial de Clubes, que se disputa en Brasil. El partido directo ya ha terminado 2-2. En la última jornada ganan los dos, pero el Timão vuela a la final gracias a la mejor diferencia de goles, +4 contra +3. ¿Y quién es el que marca el gol decisivo para la clasificación final? Rincón, en Al Nassr. “Estaba destinado a eliminar al Madrid. Allí me trataron muy mal”, cuenta tras el partido.

Rincón deja el fútbol por primera vez en 2001, con Cruzeiro, regresa tres años después para ayudar al Corinthians, luego se da por vencido definitivamente. Comienza a entrenar, dirige algunos clubes menores en la escena brasileña, va de segundo de Luxemburgo en el Atlético Mineiro. En pocos años también destaca por algunos incidentes fuera del campo: en dos ocasiones es detenido por presunto blanqueo de capitales, antes de ser absuelto.

Mientras tanto, también es columnista de TV, tanto en Brasil como en Colombia. En los últimos años se ha caracterizado por una especie de guerra a larga distancia con James Rodríguez. “Me hubiera gustado tener la mitad, o incluso solo el 20%, de las oportunidades que ha tenido en el Real Madrid”, pica. O: "le falta sacrificio y una serie de cosas más para poder llamarlo campeón". Durante la Copa América, en la que James no estuvo, acusó al periodista colombiano, Oscar Rentería: “Parece que tienes una camiseta con su foto. Lo único que haces es hablar de él”. Y así. De él a menudo salen astillas, flechas, dardos. Con los labios, esta vez. Después de tirarlos solo ocasionalmente con los pies. Todo ello hasta su trágica muerte a los 55 años, a raíz de las graves heridas sufridas en un accidente de tráfico. Lo extrañaremos.