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ENCICLOPEDIA MUNDIALISTA: Inglaterra 1966, el gol fantasma de Hurst y el robo para la Corona

7:20 a. m. COT 17/11/22
England 1966 Bobby Moore
Uno de los Mundiales con final anunciado más corrupto de la historia. Arreglos con los árbitros, designaciones digitadas y un calendario preparado.

Todos los mundiales tuvieron su parte oscura. No todos los sucesos saltan a la luz como sí sucedió en el Mundial de Inglaterra 1966. Este fue el Mundial donde los dueños de casa actuaron con más descaro e impunidad que en ninguno, sin juzgar a los jugadores, claro está, nadie podrá discutir la jerarquía de Bobby Charlton y compañía.

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Sin embargo, la mano del poder se vio desde el principio hasta el final. La elección de Inglaterra como sede para el Mundial se decidió en el congreso de la FIFA de 1960, realizado en Roma, Italia. Por entonces, el presidente del organismo internacional era el inglés Stanley Rous, ex árbitro de fútbol...

Participaron diez equipos europeos, cinco americanos y Corea del Norte, que casi no participa ya que los ingleses no les autorizaban las visas por razones políticas. España no se clasificaría. Las irregularidades llegarían con el correr de los días. El fixture del campeonato y la distribución de las jornadas la armó el país organizador. Todo quedó armado para que los equipos con mayores posibilidades, Brasil, Uruguay, Argentina, Portugal, Italia y Hungría, jugaran lejos de Londres, capital inglesa, y con pocos días de descanso entre un cotejo y otro.

Los de casa, en cambio, disfrutaron de cinco o seis días entre un partido y otro. Ya la prensa lo notaba y en las letras del periodista italiano Gino Palumbo se leía: “...la protección del equipo nacional inglés ha sido realizada a través del calendario y la designación de los campos de juego, asumiendo un aspecto tan desfachatado que provoca perplejidad incluso en algunos ambientes británicos”.

El Mundial de 1966 se realizó en Inglaterra con muchas sospechas.

Pero se equivocaba, porque había más en esto del Robo para la Corona. Los países participantes debían presentar a dos árbitros por país. Todos menos Inglaterra cumplieron con ello. Los de casa asignaron a Finney y a Howley, en un primer momento, pero luego aparecieron dirigiendo MacCabe, Taylor, Callegham, Dagnall y Crawfred todos ellos ingleses, el irlandés Adair y el escocés Philips. La mafia de los árbitros cobraba fama a nivel internacional. En el diario Clarín de la Argentina se denunció tres meses antes del Mundial el posible arreglo para que Inglaterra se llevara la Copa.

Corea del Norte, dio la primer sorpresa luego de eliminar a Italia en la fase de grupos tras vencerle por 1-0 con un gol de Pak Doo Ik, un dentista y militar que practicaba el fútbol en sus ratos libres. Es que los coreanos tenían disciplina militar, todos eran comandantes soltero del ejército, una condición sine qua non para integrar el equipo.

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Los dirigentes coreanos tuvieron que cambiar sus pasajes de vuelta a casa por billetes rumbo a Liverpool, donde enfrentarían a Portugal. Los coreanos viajaron sin reservas de hotel y aceptaron el ofrecimiento de una agrupación religiosa que les cedió sus dependencias. Italia, en cambio, regresó a casa y cambió el destino original (Roma) y por el de Génova...

Los periódicos italianos se hicieron eco de la catástrofe: “Vergogna Nazionale” (Vergüenza Nacional), “Azzurri, Vergogna” (Vergüenza Azzurra), “Il Nostro Calcio E´Morto” (Nuestro fútbol ha muerto), “La pagina piu nera del calcio italiano” (La página más negra del fútbol italiano).

Las fábulas cuentan que algunos jugadores italianos comentaron que los coreanos, aprovechando su similar aspecto, cambiaban varios jugadores en el entretiempo. Otro de los grandes mitos jamás comprobados.

Corea cerraría una gran participación en el Mundial cayendo ante Portugal. Los asiáticos vencían por 0-3 pero apareció el poder de Eusebio La Pantera Negra de Mozambique que con cuatro goles dio vuelta el marcador y Augusto concretó la remontada (5-3).

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Brasil venía de ganar dos Mundiales consecutivos (Suecia 1958 y Chile 1962) y casualmente le tocó el grupo más complicado, el C, que junto con Bulgaria, Hungría y Portugal, formarían el Grupo de la Muerte. Casualmente, también, todos los partidos que disputó la verdeamarella fueron arbitrados en la terna por dos británicos, tanto como colegiados o como jueces de línea...

Brasil derrotó a Bulgaria, luego perdió contra Hungría -donde fue lesionado brutalmente Pelé- y finalmente quedaron eliminados del torneo a manos de los portugueses. Sus jugadores, especialmente Pelé, fue salvajemente golpeado por búlgaros, el 12 de Julio en Liverpool, con goles de Pelé y Garrincha, donde a pesar de los golpes ganaron 2 a 0 (ante la pasividad del árbitro alemán Tschencher) y portugueses, partido disputado una semana después del anterior en la misma sede pero con un resultado adverso, 1 a 3 (con la permisividad del juez inglés McCabe) en la primera rueda, la cual no superaron y se marcharon con un Pele también golpeado por los portugueses.

En cuartos de final, un juez alemán, Rudolf Kreitlein le regaló el partido contra Argentina a los ingleses y un árbitro inglés, Finney, hizo lo propio con Alemania contra Uruguay. Días antes a los partidos, los representantes de Argentina, Uruguay, España y de Unión Soviética fueron citados en un hotel londinense para el sorteo de los árbitros. Legaron puntualmente a la cita pero el sorteo ya se había realizado. Con un directivo alemán, otro sudafricano y Sir Stanley Rous, (presidente de la F.I.F.A., quien digitó los árbitros de ambos encuentros) bastó para cerrar las actas del un sorteo ‘limpio’. Más tarde, el árbitro internacional holandés Leo Horn dijo: “...la F.I.F.A. está controlada por tres personas, Sir – Stanley – Rous...”.

El inglés Finney hizo lo suyo para perjudicar el equipo uruguayo. Esa tarde en Birmingham, el colegiado ignoró una mano intencional del defensor alemán Schenellinger en la línea de meta y no contento con eso, expulsó a los charrúas Troche y a Silva. El resultado final fue favorable para los europeos por 4-0.

En Wembley, el día previo al partido entre argentinos e ingleses, los albicelestes pidieron permiso para reconocer el campo de juego, pero el mismo fue denegado por las autoridades británicas ya que en pocas horas se disputaría una carrera de perros…

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El partido fue otro Robo para la Corona. A los 36 minutos el capitán argentino Antonio Rattin sería expulsado por el colegiado alemán Rudolf Kreitlein. La intención del diez argentino era hablar con el árbitro para enfriar el juego y el mediocampista insistía en comunicarse con el colegiado hasta pidiendo un intérprete: Rattín no hablaba alemán ni inglés, mientras que Kreitlein no entendía una palabra de castellano. Como no se usaban aún las tarjetas amarilla ni roja, el jugador, una vez expulsado, se quedó diez minutos en el campo de juego, pidiendo que ingresara el traductor.

El colegiado alemán parece que también tenía dotes de profesor de clown, y adujo que le había expulsado a Rattín porque “me miró con mala intención, por eso me di cuenta que me había insultado”.

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Imágenes rescatan el momento de la expulsión de Rattín y cómo el capitán albiceleste se marcha desconsolado del campo. Y luego se sienta sobre la alfombra roja de la reina Isabel de Inglaterra, que se extendía desde la cancha al palco real. Estuvo unos diez segundos sentado y mirando el campo de juego hasta que abandona definitivamente el rectángulo y al pasar por el corner apretó con rabia e impotencia el banderín que tenía la bandera de Gran Bretaña. Los 70.000 espectadores ingleses lo despidieron al grito de “animals, animals”.

Un directivo de la Asociación Inglesa, Joe Mercer, declaró: “Me parece demasiado duro expulsar a un jugador del campo solamente porque habló. Kreitlein estaba a punto de perder el control del juego y quiso dar un ejemplo. En mi opinión lo hizo en un momento inadecuado con el hombre equivocado”.

Treinta minutos más aguantó la albiceleste con uno menos el embate inglés. Con la trampa de la ley del off-side, la defensa albiceleste contrarrestaba los ataques ingleses hasta que el colegiado alemán no pitó una posición adelantada y llegó el gol inglés.

Al día siguiente el Comité Disciplinario de la FIFA fijó duras sanciones para Rattín (suspendido por cuatro partidos internacionales con la selección) y hasta se propuso la exclusión Argentina del Mundial del ´70 por su “inconducta deportiva”. La hipocresía de Sir Stanley Rous estuvo a la orden: “La disciplina pertenece al deporte, los excesos deben ser castigados. Queremos mantener limpio nuestro juego”. La AFA fue multada con una importante suma de dinero.

El saludo incial antes del Inglaterra-Portugal, por las semifinales

En las semifinales, y sin atender lo que decía el calendario del Mundial, los directivos ingleses decidieron que su seleccionado continuara jugando en Wembley, mientras que los portugueses perdieron la localía en Liverpool. Ganó Inglaterra 2-1. La otra semifinal la disputaron Alemania y la URSS, 2-1.

La final era la pautada, y también se sabía quién debía triunfar. Inglaterra se impuso a Alemania por a cuatro a dos, en el alargue. El tercer tanto británico no debió ser convalidado, ya que la pelota disparada por Geoffrey Hurst pegó en el larguero y rebotó fuera de la portería defendida por Tilkowski. En imágenes de aquella cita se ve al línea soviético Bakhramov, levantando su banderín para señalar el gol y al colegiado suizo Dienst dialogando con el linier para convalidarlo.

Bakhramov afirmaría años más tarde: "No vi entrar la pelota, pero Dienst descargó sobre mi espalda toda la responsabilidad". Luego Hurst, anotó el cuarto gol. Los dueños de casa se consagraron y Hurst se convirtió en el único jugador en convertir tres goles en una final.

Geoffrey Hurst, en acción durante el Inglaterra-Alemania

Luego de alzar la copa del mundo, el entrenador inglés, Alf Ramsey, cuando le preguntaron si antes de comenzar el torneo intuía que podían ganarlo afirmó: “No tenía la menor duda, pues sabía que contaba con la complicidad de Alí (diminutivo de Stanley) Rous y sus cuarenta colaboradores...”. Sobran las palabras…