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"Luis Padrique" y el holocausto caníbal

08:00 CLST 15-11-21
Luis Enrique España

Aparecía Luis Enrique y le convertían en piñata humana. Un día, al otro y al siguiente. Sin tregua. El día que nombraron seleccionador a Luis Enrique, brotaron, como setas, personajes que pusieron en duda la idoneidad del seleccionador, por haber declarado su antimadridismo en público (sic), como si el afecto al equipo de su negociado fuera requisito indispensable para ser el seleccionador del equipo de (casi) todos. El día que Luis Enrique dio su primera lista, el selecto grupo de odiadores que lava más blanco que Ariel esperaban una convocatoria sin madridistas, y el asturiano conformó una lista con nutrida presencia de jugadores del Real Madrid. El día que Luis Enrique tenía que conformar una lista definitiva para la Eurocopa y allí no estaba Sergio Ramos, los mismos que acusaban al camero de pesetero por no pasar por el aro de Florentino, se hicieron ramistas y se cebaron con el asturiano. El día que hubo problemas con la pandemia y se generaron positivos, los suministradores de estramonio bucearon en el tanque de porquería y se burlaron de una federación que no humilla, de un presidente que no comulga y de un seleccionador que no traga la bazofia mediática que otros devoran.

El día que el equipo de Luis Enrique debutó en la Eurocopa se hizo mofa, befa y escarnio de un grupo muy joven en el que solo creían el seleccionador, el cuerpo técnico, los futbolistas y sus familias, por ese orden. El día después de no ganar a Polonia y Suecia, los falsos profetas del pasado nos contaron, con profusión en el encabalgamiento, que esta España daba vergüenza, que todo era culpa de Luis Enrique y que España era tan alegre como el cochero de Drácula. El día después de todas las listas que ha confeccionado Luis Enrique, los del club de la sota de bastos sacaron el palo a pasear, por sistema, acordándose siempre de los que no están para enajenar el ambiente de un grupo al que escrutaron, midieron e infravaloraron, culpando a Luis Enrique hasta de haber matado a JFK en Dallas.

El día después de cada partido del equipo de Luis Enrique, la Santa Inquisición mediática - ¡exclusiva, vente!-, encontraba en su particular río de porquería una pepita de excremento mental para poder esparcirla, a gusto del consumidor, clamando que esta selección aburría y daba vergüenza. El día después de que Luis Enrique convocó a Gavi, los trovadores del absurdo machacaron al seleccionador, dudaron de su criterio y calificaron la convocatoria de capricho, juguetito y ataque de entrenador. El día después de que una decisión arbitral sorprendente dejase a España fuera de una final que mereció jugar, los que se pasan la vida retratando a los árbitros esta vez se alinearon con ellos. Y el día después de cada triunfo de la selección, sin fallo, ahí estaban los reyes de la astracanada para gritar al viento que España aburre, cuando los que aburren cada vez más son ellos. El tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. A Luis Enrique y su grupo, donde merecen. Y al “Pierre no doy una” de la televisión, donde suele estar. En el más absoluto de los ridículos. 

El objetivo de “Matrix” y sus altavoces tóxicos estaba más claro que el caldo de un asilo: acoso y derribo, sistemático, por tierra, mar y aire, a Luis Enrique. Primero, por un rencor indisimulable que se remonta a la época del asturiano como jugador. Segundo, por no ser madridista, ese crimen intolerable que la humanidad debe condenar y perseguir. Tercero, por no tragar con las encíclicas del tragasables del hombre Forbes. Y cuarto, por tener un carácter más fuerte que el vinagre, el mismo que tuvo en su día Luis Aragonés, con el que jamás se disculparon los que tampoco lo harán con Luis Enrique. El final del cuento no ha sido el que “Matrix” anhelaba. El seleccionador, mientras el personal le ponía palos en la rueda y se dedicaba a avinagrar cualquier frase, lista o partido, ha liderado una transición notable, ha dotado a un grupo inexperto de un sello reconocible, se ha clasificado para el Mundial con un equipo plagado de lesiones, ha alcanzado una final y el pasado verano se coló entre las cuatro mejores selecciones de la Eurocopa.

El pase al Mundial no cambiará nada. “Matrix” seguirá rebuznando y Luis Enrique, trabajando. El asturiano sabe cómo funciona este negocio. Y al primer partido que pierda o al primer resbalón verbal que cometa, volverán las oscuras golondrinas y el permanente holocausto caníbal que denuncia el seleccionador. Es igual. Caretas fuera. Mientras los patriotas de todo a cien se refugian en la Croacia de Modric, la Francia de Mbappé y la Portugal de Cristiano, mientras llenan el contenedor de bilis hasta los topes y esperan un fracaso en el Mundial, la selección está donde merece. “Matrix” ladra y “Luis Padrique” cabalga.


Rubén Uría