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Atlético Madrid

Historia de un fracaso

07:12 CLST 27-10-22
Atlético Madrid Brujas 12102022 Champions
Rubén Uría analiza el KO del Atleti en fase de grupos de Champions

Ser periodista es una profesión de riesgo. Si además de periodista eres aficionado del Atleti, la dificultad se multiplica, porque eres consciente de que escribes para una minoría y de que, cuando se pierde, tu tribu bucea en el fondo del mar para rescatar un hálito de vida que sacie a ese millón de personas que nada contra corriente y sabe que todo le cuesta el doble que a otros. Y si no dices idioteces sobre el 4-4-2 o no tienes 'Twitch', no estás de moda. Da igual. El atlético que quiera encontrar consuelo en estas líneas, lo tiene mal. Y el que quiera abrazarse a excusas de mal pagador, lo tiene en arameo. Ser del Atleti consiste en levantarse de cualquier paliza, por dura que sea, incluso cuando no quedan fuerzas ni ganas de hacerlo. Y ser periodista con alma rojiblanca, consiste en recordarlo. Incluso cuando no tienes ganas de recordarlo.

Dicho eso, empezemos por al final. La jugada de marras. Carrasco falló un penalti en el 90'+8', que habría mantenido con vida a su equipo, que habría servido para seguir soñando y habría convertido al Atleti en el primer equipo en ganar un partido de UCL después de que el árbitro hubiera señalado el final del mismo. Su remate fue repelido por el portero, Saúl estrelló el rechace en la madera y cuando Reinildo iba a sentenciar, el propio Carrasco sacó lo que parecía un gol seguro. Surrealista, kafikiano, cruel. Fútbol. Habrá quien se aferre a la crueldad extrema de esa última jugada, quien explique con el reglamento en la mano que se debió repetir por invasión del área, habrá quien se devane los sesos pensando quién debería haber chutado esa pena máxima, quien dirá que fue una carambola, y por haber, habrá quien crea que ese penalti fallado pasa ae engordar el historial pupista que acompaña al Atleti, cuando se coge de la mano de su amiga, la mala suerte. Buen relato, pero no cuela.

La realidad es que el Atlético de Madrid se empeñó en hacer todo lo imposible para quedar eliminado y que, cuando se quiso dar cuenta, ya era demasiado tarde. Ni crueldad, ni carambola, ni jugada del destino, ni pupismo barato, ni historias para no dormir. El Atleti no tuvo mala suerte. El Atleti, en una rifa para quedar eliminado en un grupo en que tendría que haber pasado 99 veces de 100, compró todos los boletos para irse a la calle, sin pena y sin gloria. El penalti final fallado es una anécdota. Como el esforzado segundo tiempo de un Atleti que siempre quiso, pero nunca supo, ni pudo. El penalti cruel, por más que el periodismo cutre insista, sólo fue una anécdota. La categoría, lo importante, es que el Atlético de Madrid no fue capaz de ganar ni un sólo partido, de cuatro posibles, a dos equipos a los que duplica el presupuesto, Brujas y Leverkusen.

La realidad es que la Champions no entiende de segundas oportunidades, que criba dioses de hombres y que mide la estatura de sus contendientes. La verdad es que la Champions ha medido al Atleti y que el equipo del Cholo no ha dado la talla. Sin excusas, sin historias, sin cuentos chinos, sin acordarse de arbitrajes y sin lloros de ningún tipo. Que el Atleti, que hace años igualaba el prespuesto con corazón, haya mutado en un equipo con un presupuesto gigante y un corazón enano, sólo es culpa suya. Que el Atleti no haya pasado de fase de grupos es un FRACASO con mayúsculas de club, jugadores y por supuesto, de su entrenador. La verdad sólo tiene un camino, por muy doloroso que sea. El Atlético de Madrid no mereció pasar. Su partido fue un meme, una parodia al borde de un ataque de nervios, la enésima demostración de que el peor enemigo del Atleti siempre es, ha sido y será el Atleti. La afición, como siempre, estuvo de 10. Y el Atleti, como en los últimos tiempos, apenas llegó al 4. Insuficiente. Atrás, fue un flan. En el medio, un páramo. Y arriba, un grupo víctima de las prisas, que siempre suelen ser para los malos toreros.

Al Atleti, que se pegó el enésimo tiro en el pie y que hace meses que su gente rumia que no le espera nada bueno por este camino, le queda la decepción. El orgulllo de haber sido y el dolor de ya no ser. La afición del Atleti mereció pasar y estuvo de Champions. El equipo no mereció pasar, quedó eliminado y dejó claro que al grupo se le ha puesto cara de jueves, porque no esta para grandes citas. Jugadores y entrenador ofrecieron un gesto desencajado, demostrando que se habían dado cuanta, quizá demasiado tarde, de la realidad. Que esta patochada no sólo destroza el prestigio y la economía del club, sino también la ilusión del aficionado, que está harto de llebar el campo, pagar cada año el abono y animar siempre, porque no falla nunca.

Completado el fracaso, consumado el ridículo, al Atleti le queda lo único que toca en estos casos. Espabilar. Si no gana en Oporto - y no tiene pinta de eso-, será último de grupo y perderá la oportunidad de ganar la Europa League. Hay quien cree que jugar esa competición es un fracaso. No es cierto. En realidad, lo que sí es un fracaso es disputar esa competición y no tener arrestos para ganarla. Ese consuelo y ese título debería ser una obligación para un grupo que ha decepcionado profundamente a una afición bestial que hoy se pregunta cómo es posible que, de cuatro partidos, su Atleti haya sido incapaz de ganar tan solo uno a Brujas y Leverkusen. Que nadie se haga trampas al solitario: el Atleti no merecía pasar. Y de propina, que nadie se engañe: esta eliminación es un fracaso sin paliativos, una decepción tremenda y una enorme mancha para el prestigio del club. Que nadie tenga miedo a la dimensión de la palabra. Fracaso. Lo ha sido.

El club se ha pegado un batacazo, la directiva pierde pasta, el equipo se ha llevado una gran decepción y Simeone sigue pensando cómo es posible que este equipo parezca cualquier cosa, menos un grupo entrenado por él. Sí, lo del Atleti es un fracaso. Uno que no se puede esconder y del que hay que aprender. Uno que deja al club malherido y del que solo sale ileso el único patrimonio real del Atleti, su hinchada. Esa afición siempre da la cara, siempre llena el estadio, siempre se deja la garganta, siempre anima, nunca falla y se merece algo mucho mejor de lo que este equipo le está dando.

Esta ha sido la triste historia de un fracaso anunciado que casi todos rumiaban y casi nadie quería reconocer. Esta ha sido la crónica de una muerte anunciada. Ahora toca espabilar, trabajar el doble y creer el triple, porque falta que el equipo, de una santa vez, se ponga a la altura de su maravillosa afición y tenga la estatura moral suficiente para poder mirar a sus aficionados a los ojos. El Atleti se ha cansado de ser el Atleti y la gente del Atleti empieza a estar harta de un equipo que se parece a cualquier cosa, menos al Atleti.

Rubén Uría