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Atlético Madrid

Volver a 2016

06:27 CLST 16-10-22
Griezmann
Los de Simeone sobreviven a un gran Athletic y un arbitraje lamentable

El duelo, un 'clásico' de LaLiga - este sí, aquí no hay márketing-, no defraudó. Atmósfera maravillosa, grada a reventar y dos equipos programados para la batalla. Padre contra hijo. La grada de San Mamés lo recordó: “Ongi etorri gurasoen etxera” (Bienvenidos a la casa de los padres). Si el mensaje pretendía ofender, no lo hizo, porque el Atlético jamás reniega de su origen y se siente orgulloso de sus raíces. Y si pretendía alabar, fue preciosa. En la pradera, un grandísimo Athletic tocó la corneta, exploró todos los resquicios y murió con las botas puestas, destilando empaque y ambición. Enfrente, un Atlético todo resiliencia, que hizo carne el deseo de muchos de sus aficionados: volver a 2016. Lastrado por sus incontables guerras intestinas, el Atleti se destapó con su mejor partido de la temporada. Ante un rival de nivel, el muro carnal de Simeone defendió su área como en los viejos tiempos, como si fuera el abismo de Helm, salió de contra con combinaciones magistrales y como un buen hijo, acabó superando a su padre.

La noche, parafraseando a Paco Caro, cribó héroes de hombres. Kondogbia, convertido en un ‘pulpo’ omnipresente, sacó sus tentáculos a pasear y barrió todo el centro del campo. Griezmann, también empeñado en volver a 2016, volvió a ser esa gran estrella con alma de gregario, anotando un tanto y liderando al equipo, derrochando entrega en defensa y destellos de clase en ataque. Antoine anotó dos goles. El primero, en el campo. El segundo, fuera del mismo, donde pidió perdón a su gente y dejó claro que volvió para sumar, porque está donde quiere estar. Grbic, que salió en frío tras la lesión de Oblak, demostró que está a la altura y aguantó el bombardeo local. Y Reinildo, quizá el mejor fichaje de la historia del Atleti en relación calidad-precio junto a Pantic, hizo de la defensa un arte. Se comió con patatas a Nico Williams, luego se merendó a su hermano Iñaki, demostró que no le pasan ni los rayos X y en el último aliento, salvó un gol con la cara. Así los quiere Simeone.

Si el Athletic exploró los límites de la resistencia cholista, el equipo arbitral exploró los de su paciencia. El arbitraje, que cruzó la línea del despropósito para orillar en la playa de la deshonestidad, inclinó el campo. Figueroa Vázquez, en su versión más ‘top’, anuló un golazo de Morata tras consultar con lo poco que queda del VAR- no se pitan penaltitos pero si se anulan goles por leves contactos-, mostró siete amarillas el Atleti (17 faltas) y cero el Athletic (14), amenazó con echar a Simeone, se pasó el partido buscando a Morata y de propina, hizo lo peor que puede hacer un árbitro, pitar algo que solo estaba en su imaginación: pitar mano de Reinildo por haber despejado con la cara. Tardó ‘cerocoma’ en decretarlo. Por ganas no iba a quedar. La repetición, explícita, le dejó como el lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Era cara, no mano. Medina Cantalejo debe estar orgulloso. ‘Game Over’. 

El Atleti, empeñado en regresar a 2016, salió de casa de su padre con la cabeza bien alta, todo cuello. Había padecido una crónica de sucesos - dos lesionados, siete amarillas, un gol anulado y una persecución inaudita-, pero se iba con el mejor botín posible, tres puntos tras ganar dos veces. Muchos aficionados del Atleti insisten en que no quieren que se vaya Simeone, sino que quieren que vuelva. Anoche volvió su equipo, volvió ese entrenador y la afición volvió a 2016. Si se trabaja y se cree, se puede. Que dure.

Rubén Uría