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Atlético Madrid

Cuando llueve en el corazón de los atléticos

06:13 CLST 15-09-22
Diego Pablo Simeone Atletico Madrid
Rubén Uría analiza la crisis atlética de comienzo de temporada y el obligado cambio que necesita

No es nuevo. Es cíclico. De vez en cuando, incluso en los mejores años de la historia, llueve en el corazón de los atléticos. Simeone fue una tormenta inesperada. Una que limpió toda la basura acumulada en las aceras de los atléticos, ayudado por un tejido humano irrepetible, el de un vestuario que mataba o moría por él, y que consiguió hacer posible lo que el periodismo decía que era imposible. El Cholo ha sido la antorcha que ha guiado el camino, la luz en el cuarto oscuro, el líder de una pasión inexplicable que, durante estos años, ha combatido con éxito el sistema establecido. Como el fútbol no tiene memoria, vive del hoy y se alimenta del presente, el Atleti está sintiendo en su propia carne el listón de exigencia que antes tenía por los tobillos y que Simeone colocó cada vez más alto. Y ahora, el Atleti está varios peldaños por debajo de lo que siempre ha sido el Atleti del Cholo.  

Simeone es el mejor director de cine que ha parido el Hollywood rojiblanco desde Luis. Durante nueve maravillosos años, dirigió grandes películas con actores de reparto. Ahora dirige grandes actores en películas cada vez más pequeñas. Durante nueve años, el Atleti sentaba a todos sus rivales en la silla del dentista y cuando caía, perdía un partido de cada diez. Ahora el Atleti ve cómo todos sus rivales le sacan muelas sin anestesia y se está acostumbrando a perder cuatro partidos de cada diez. Nada es eterno. Nada es para siempre. Los largometrajes de Simeone inspiraron una de las epopeyas más icónicas del fútbol español: 'Nunca dejes de creer'. La secuela actual es justo lo contrario. El que nunca dejaba de creer parece haber dejado de hacerlo y los que presumían de creer, cada día tienen menos argumentos para seguir haciéndolo.

El Atleti no ganaba concursos de belleza, pero era una máquina de competir, un muro carnal, una misión vital liderada por un señor que, con un tenedor de plástico, montaba un Vietnam. “ A morir, los míos mueren”. El Atleti actual es un conjunto de presuntos grandes jugadores que ni defiende ni ataca, que no es reconocible, que no gana duelos y que juega con el corazón del tamaño de un guisante. La comparación entre el ayer y el hoy hace daño a los ojos. Y los atléticos le piden al corazón que engañe a sus ojos, porque hasta sus límites masoquistas tienen principios.

La tribu del Atleti está inquieta. Lleva meses sintiendo una tortura excesiva y rumia que podría estar viviendo los últimos estertores de aquel equipo grandioso. Y como el corazón protesta, como el hincha del Atleti se resiste a volver a ser lo que nunca puede ser, patalea buscando una solución, implorando un volantazo, rezando para que el mejor Simeone no se vaya nunca y vuelva de una vez. Al Cholo se le pide porque de otros nadie espera nada. Se le exige porque él ha demostrado que puede. Y se le insta a resolver esta desazón y afrontar ese desafío emocional como lo hace su familia. Con "la mesa chica”. Sentándose todos cara a cara, confesándose a tumba abierta, poniendo cara de culo para decirse unas cuantas verdades dolorosas, porque si no se curan como equipo, van a morir como individuos. Si se ha perdido la meritocracia, recupérese. Si hay gente que no cree, que vuelva a hacerlo o de un paso al costado. Si alguien quiere bajarse del barco, que lo haga ahora. Y si hay quien tiene la decencia para ser autocrítico y saber que hace un año que ese equipo no está donde ese equipo ha demostrado que puede estar, que se ponga a trabajar a muerte. Esa es la esencia del Atleti. Levantarse de cada paliza, incluso cuando no tiene ganas de hacerlo.

Simeone ha sido una huella profunda en la vida de los atléticos, un laboratorio de soluciones donde cabía todo, un generador de ilusiones y sueños que se hicieron realidad porque el esfuerzo no se negociaba. Es el momento de volver a todo eso. De aparcar la nostalgia, de perdonar los errores, de avanzar sin rencores, dar un paso al frente en y poner toda la energía en construir un futuro positivo. Si sale bien, el Atleti volverá a la vida. Y todos los que están esperando que Simeone fracase, tendrán que volver a esperar, como en los últimos diez años. Y si sale mal, siempre quedará el agradecimiento eterno de una hinchada que ha disfrutado con un vestuario formado por jugadores irrepetibles y un señor de negro que les regaló los mejores años de la historia del club. Cuando llueve en el corazón de los atléticos, cuando arrecia la tormenta y caen chuzos de punta, hay que sacar el paraguas.

Rubén Uría