Noticias Partidos
Copa del Mundo

Se juega como se vive: Argentina y su Mundial "a la argentina"

01:18 ART 19/12/22
Lionel Messi Argentina 2022
La realidad del país se resumió en un Mundial

Argentina se coronó campeona en Qatar 2022, logrando resumir la realidad del país en un campo de juego durante 30 días.

La historia comenzó haciéndole caso a los estereotipos. Los argentinos somos, ante los ojos del mundo, agrandados, soberbios. En parte, claro, y más allá del debate moral, porque tenemos con qué. El seleccionado venía con el invicto más grande de su historia, y todos los argentinos creían que la copa aterrizaría en Ezeiza un día después de la final.

Agrandados de la forma más positiva existente, los hinchas estaban más confiados incluso que en la previa de Brasil 2014. El rendimiento, los resultados, la reciente Copa América. Un cóctel de argumentos válidos que hacían pensar que no había nadie mejor que nosotros.

Y creemos que somos los mejores, pero no lo somos, o no lo fuimos por un día, y la realidad nos dio una trompada ante Arabia Saudita, como nos da cada día con los números de la inflación, el precio del dólar o el pozo de la calle de la esquina que te acompaña desde chiquito.

Misterios en este mundo hay muchísimos, pero uno de los más interesantes es el de Argentina: un país golpeado, machacado, dividido y en plena decadencia que, a pesar de todo, sigue ahí, andando, a los tumbos, pero anda, existe. Y al equipo de Scaloni lo tumbaron en la primera, pero siguió. Sin lógica, sin razonamiento, como un caballo decidido se puso las anteojeras y tiró para adelante. Y salió a flote, haciéndole honor a su nombre Argentina.

Contra México y Polonia, un empate nos complicaba muchísimo, era ganar o ganar. Así, siempre al filo, con lo justo, contando monedas, haciendo cuentas para ver si llegábamos al final, nunca con holgura. Cualquier semejanza con la cotidianeidad argentina es pura coincidencia.

Y como en un momento fue Maradona, como también lo fueron Cristina o Macri, en este caso fue Messi la persona en la que cargamos toda la responsabilidad. Porque a alguien tenemos que elegir, ya sea para brindarle homenaje por el éxito o para bombardearlo de críticas ante la derrota. En resumen, alguna cabeza tiene que caer. Tendemos a resumir historias en un solo nombre propio. Aunque hay que admitir que, en este caso y contrario a la costumbre popular argenta, no hubo grieta, todos queríamos al líder.

¿Pero qué sería de la Argentina sin un poco de guapeza? Inflar el pecho, agrandarse ante las cámaras y sacar el animal de dentro. “Estos colores no se tocan”, recitaba tácitamente cada movimiento de los jugadores ante Países Bajos. Escapemos del debate moral por un segundo y miremos con ojos objetivos. El que no defiende a su país es un vendepatria, un desalmado, esté bien o esté mal, y los jugadores lo hicieron, para agregarle esa pizca de argentinidad que hasta ahora a algunos, según el reclamo popular, les estaba faltando.

La semifinal fue una muestra hipotética e irreal de lo que Argentina podría ser si, de una vez por todas, las cosas se encarrilaran y todos tiraran para el mismo lado. Un 3-0 con una despliegue colectivo para sacarse el sombrero, desde las barridas y anticipos de la defensa, cada mini victoria ante Modric en la mitad, la aparición de un héroe incógnito como Julián y el ya conocido éxtasis messiano para pintar todo de dorado. Imaginen, por un segundo, que los políticos no roban, que la gente paga sus impuestos, que no existen los barras y que los autos frenan en cada esquina para dejarte pasar. Qué país sería… Un calco del equipo en esa semifinal, el partido que nos mostró qué podemos ser.

Y esa gran potencia que podemos ser fuimos en la final, durante 117 minutos. Salvando los 3 goles, Argentina fue una orquesta. Todo venía bien, en cuanto al resultado y en cuanto al juego, era esa, la veíamos de cerca. Pero claro, sin sufrir no se puede, ni en fútbol, ni en el laburo, ni jugando al truco, nunca. 2-2, tiempo extra y otra pizca de ilusión seguida de otro cachetazo, para dejarnos en el limbo en el último minuto y que el Dibu lo atara con alambre.

Argentina terminó siendo campeona. Merecidísimo. La mejor selección, por lejos. No voy a mentir, a esta historia le quedaba mejor una derrota de Argentina, con un título así como “el gran país que podría ser y siempre está a un paso” o “siempre cinco para el peso”. Pero no, esta final fue de película, y este final es de ficción. Porque argentina mira al mundo desde arriba, con la ilusa creencia de que es la mejor de todas. Aunque si hablamos sobre fútbol, la ficción se convierte en realidad.