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Rayo Vallecano v Real Betis

Otro Real Betis sí era posible

07:45 ART 10/2/22
Borja Iglesias Pellegrini Fekir Betis
Goal analiza la explosión del equipo bético, que apunta a ser finalista de Copa y está tercero en Liga

El fútbol siempre da revancha. En octubre de 2020, el Real Betis atravesaba un momento delicado, la directiva daba palos de ciego, la afición no veía la luz al final del túnel y los grandes protagonistas, los jugadores, parecían resignados a estrellarse una y otra vez contra unos límites que casi nunca se atrevían a explorar. Con una inversión de más de 200 millones de euros en cuatro años, el club contemplaba, con desesperación, cómo todos y cada uno de los proyectos que diseñaba se deshacían como un azucarillo en el café. Por el banquillo bético, convertido en silla eléctrica, pasaron Gustavo Poyet, Víctor Sánchez del Amo, Alexis Trujillo, Quique Setién o Rubi. Entrenadores de diferente perfil, caché y estilo, que fueron más víctimas que culpables y a los cuales se les aplicó una ley universal no escrita: si no ganas, haces la maleta. El bético de a pie tenía una sensación que le recorría el espinazo: el problema real no era de entrenador y en el caso de haber puesto en el cargo a Palmerín, la histórica mascota del club, el resultado habría sido el mismo. Para construir otro Betis había que darle las llaves del club y todo el poder al entrenador, dejarle liderar y aguantarle en el cargo, entrase la bolita o no, desde la convicción. Ese era el camino. De fondo, al aficionado le protestaba el corazón por el traumático adiós de Serra Ferrer, con el que el club se condenó a perder experiencia, carácter y liderazgo. Eran años de plomo. Y el bético sufría.

Quien esto escribe tenía claro el diagnóstico entonces: el problema era el palco, no el banquillo. No se trataba de satanizar a la directiva, ni de establecer un juicio sumarísimo, sino de constatar que se habían equivocado de nombres, mentalidad y modelo de club. El Betis necesitaba otro impulso. Otro liderazgo. O caras nuevas en la gestión o un nuevo modelo de club. Que nadie se engañe: no es fácil construir algo nuevo de la nada cuando los resultados son malos, no es sencillo edificar cuando todo se ha derrumbado y no es cómodo trabajar mientras la competencia vive la mejor década de su historia y colecciona títulos, porque aunque las comparaciones son odiosas, siempre están ahí. Haro, Catalán y compañía, en plena ola de desafección, tomaron una decisión sabia. Se pusieron en manos de Manuel Pellegrini, apelaron a su experiencia, le dieron manos libres para desarrollar su trabajo con libertad y se colocaron en fila de a uno detrás del ingeniero. Cuando las cosas fueron mal, le respaldaron. Y cuando fue bien, no invadieron su espacio. Bien jugado. A eso conviene sumar la figura de Antonio Cordón, un director deportivo con experiencia, buena vista y discreción en el mercado. Se necesitaba otro impulso y otro Betis era posible.

Construido el discurso único y toda vez que se ensamblaron las piezas, el Betis despegó. La directiva se reorientó, retocó el modelo de club, lo fortificó y comenzó a recoger frutos. El Betis necesitaba otro impulso y los que ocupaban el primer lugar en la cola de las culpas, ahora se sientan en el primer lugar de la fila de los éxitos. Remodelado, bien cimentado y con un camino claro, crecer, el Betis ha encontrado el camino al éxito después de años de duda. Pellegrini lidera y el resto le sigue. El resultado está en el verde, porque el campo no engaña. El equipo conjuga los dos verbos favoritos del beticismo: ganar y gustar. Fekir, Canales, Borja Iglesias, William Carvalho, Bartra, Álex Moreno y compañía llevan tiempo practicando un fútbol consistente, alegre y atractivo. Que en el relato popular de nuestro fútbol el Betis siempre ha caído bien es como descubrir el fuego. Que durante años aquello de “manque pierda” no le hizo demasiado bien, es otro. También lo es que ahora el Real Betis huele a gloria. Toque plata o no, se ha construido un proyecto sólido, un modelo reconocible y un equipo hecho a la imagen y semejanza del pedazo de entrenador que tiene. Por fin, todo está en su sitio en esa casa. La bañera está en el cuarto de baño, el sofá en la sala de estar y las sartenes, en la cocina. Sí, otro Real Betis era posible.

Después de años de inestabilidad, ahora el Betis y sus aficionados disfrutan lo que no está en los escritos. Y pase o no a la final de Copa, el personal tiene licencia para soñar. El Betis está donde sus aficionados soñaban. Ahora falta lo más difícil del fútbol. Después de llegar, mantenerse. Ese es el reto. Mientras tanto, Heliópolis disfruta. Y tiene motivos. El futuro inmediato tiene hoja de ruta: que la directiva siga trabajando en silencio, que la dirección deportiva siga siendo coherente, que los jugadores sigan teniendo hambre y que los aficionados sigan apilados como balas de cañón, disfrutando de un equipo que les representa de maravilla. De todo lo demás se encarga Manuel Luis Pellegrini Ripamonti.

Rubén Uría