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Copa del Mundo

La hora de los divorcios

06:26 ART 23/11/22
20221122 Lionel Scaloni
En su primer partido mundialista, Scaloni no tuvo reacción y ahora se plantea una duda sobre el futuro; si hay jugadores bajos, ¿los cambiará?

De todas las maneras posibles de llegar a un Mundial, una de las peores podría ser la de la épica. Es verdad que el plantel de Argentina no tiene nada que ver con las campañas de marketing o los dos documentales que salieron en diferentes plataformas (Netflix y Prime Video) que realzaban la gesta de la Copa América en tono heroico, pero también es una realidad que esas secuencias que se detallan en las series tienen un rebote directo en el accionar de las piezas que conforman a la Selección.

La Selección argentina de Scaloni es un equipo exitoso que llevaba 36 partidos invicto. Es un ciclo que prácticamente no sabe perder. Es una era que se formó mucho más en las alianzas y las alegrías que en los golpes y derrotas.

En ese contexto, tras la obtención de la Copa América 2021, los lazos se volvieron tan fuertes que hoy parecen imposible de romper. Pero el debut del equipo argentino ante Arabia Saudita plantea otra realidad.

La sensación fue la misma durante todo el partido, incluso tras el gol de Messi de penal. El equipo no elaboraba ni tenía juego: carecía completamente de reacción. La generación de espacios y posibilidades de peligro se generan en base a los movimientos sin la pelota. Si un jugador se queda parado en el mismo lugar de la cancha durante 90 minutos, queda anulado. Si un jugador se esfuerza para desmarcar, ocupa espacios vacíos, hace un desgaste importante por anticiparse, por ganar una grieta, casi siempre tendrá ventajas. Pero, para eso, se necesita una buena condición física y una mentalidad superadora, una idea de querer jugar siempre. Contra Arabia Saudita, la Selección no tuvo ningún jugador capaz de generar eso. Era un compendio de individualidades trotando a la par de las marcas rivales.

En ese contexto, el entrenador pasa a ser una pieza clave. Contra Arabia, pareció que Scaloni no supo leer la situación del equipo de manera anticipada. El contexto daba para hacer cambios en el entretiempo, probar variantes a un esquema que había caído en la trampa -por centímetros- del bloque apretado del conjunto árabe. Doble 9. Fijar dos por afuera. Sacar un defensor.

Cuando decidió cambiar (Enzo Fernández por Paredes, Julián Álvarez por Papu Gómez y Lisandro Martínez por Cuti Romero), ya con el 1-2, no funcionó.

Más allá de la clasificación a octavos de final, Argentina necesita recuperar confianza, volver a creer. Para eso, Scaloni necesitará tomar decisiones fuertes. Está claro que Rodrigo De Paul es clave en el ciclo, que la rompió en la Copa América y que fue el mejor jugador de la final. Pero si durante todo el año casi no jugó en el Atlético Madrid y está falto de ritmo...¿debe jugar?

Es evidente que Cuti Romero es un jugador top que siempre rindió, pero si llega con varias lesiones arrastradas por las que quedó afuera de consecutivas convocatorias en Tottenham...¿debería ser una opción real?

Leandro Paredes se adapta a los gustos del cuerpo técnico y ya demostró que puede hacer la función. Pero, en el debut, le costó todo. Pero tampoco es una irrealidad de su presente. Fue más bien un espejo de su temporada, en la que jugó un partido de titular de los últimos diez con la Juventus. ¿Tiene el ritmo suficiente para ser el volante central durante un Mundial?

Hay un evidente lazo casi inquebrantable. Pero la situación de Argentina quizás termine de exigir otra cosa. Quizás plantee la necesidad de romper una alianza -un casamiento entre algunos jugadores y el DT- que llegaba fuerte y dura. El partido con México, como bien se analizó internamente, es un anticipo de octavos de final. Una derrota te deja afuera. Para ese momento, quizás sea momento de sacarse las alianzas y pensar en la hora de los divorcios.