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Atlético de Madrid v Celta de Vigo

El inesperado "factor" Lodi

06:59 ART 28/2/22
Renan Lodi Atlético Madrid
El brasileño sorprende en su nuevo rol de extremo y se convierte en un filón de oro para Simeone

“Vámonos a Brasil, no aguanto más. Vámonos a casa”. Superado, dolido y harto, Renan Lodi le planteó a su compañera sentimental la posibilidad de marcharse del Atleti al poco tiempo de llegar. Tenía 21 años, estaba recién llegado de Brasil, sentía que no encontraba su sitio, le costaba adaptarse a un nuevo ritmo de juego, no se integraba en el equipo y le parecía que el Cholo estaba siempre enfadado con él. No quería ser un problema y pensó en hacer las maletas. Simeone le llevó a una sala contigua del estadio, le sentó en una silla, le explicó todo lo que tenía que mejorar y le desafió a superar los obstáculos porque, si lo hacía, sería un jugador importante para el equipo. Dicho y hecho. De primero de cholismo: si miras lejos, no ves el paso inmediato y tropiezas. Hay que ir despacio, no lento. El chico aceptó el reto de su entrenador, se puso las pilas, trabajó a destajo y dejó para la memoria de los atléticos aquel gol trascendental para la conquista del título de Liga, en una tarde angustiosa ante Osasuna, donde Joao filtró un pase de genio y Renan, a la carrera, marcó un tanto que abría, de par en par, las puertas de la esperanza colchonera. Ese día Lodi encontró su sitio.

Con el título bajo el brazo y las expectativas realmente altas, Lodi empezó el curso como el equipo. Desorientado, algo relajado y con bastantes dudas. Sufrió el tobogán de emociones y dudas del vestuario, apenas completó 90 minutos en tres partidos, padeció aquella no convocatoria con Brasil por no haber completado la pauta de vacunación y llegó a temer por su puesto cuando el Atleti decidió fichar a Reinildo Mandava, un lateral izquierdo de corte defensivo que, en teoría, le ponía aún más complicado poder jugar. A eso cabe unir el sondeo de dos clubes ingleses este enero, que preguntaron por la situación de Lodi. O el penúltimo rumor que vincula al brasileño con la Juventus, que hace meses que sigue sus evoluciones y no descarta lanzar una ofensiva por Lodi este verano. 

En la temporada más complicada desde que llegó Simeone al club, el Cholo agitó el árbol, y ahí apareció Lodi. El equipo necesitaba cambios. De espíritu, de juego. Se necesitaba energía positiva y gente nueva. Y ahí Simeone apostó, contra pronóstico, por Lodi. En su fábrica infinita de roles por los que nadie daría un céntimo, como Marcos Llorente como interior o segundo delantero, el Cholo reinventó el rol de Lodi como extremo para conectar con Joao Félix, viendo la pequeña sociedad que formaban en los entrenamientos, con Reinildo como guardaespaldas en la cobertura. Un recurso que el tiempo dirá si acaba siendo, como en el caso de Llorente, tendencia. Los telepredicadores dijeron que era un disparate. Y los aficionados rojiblancos, a priori, eran escépticos. El campo dictó sentencia. Ante el United, gol de Joao con asistencia de Lodi, que fue un avión por su banda. Ante el Celta, dos goles de Lodi como extremo y otro partido realmente completo de Joao. El público del Metropolitano acabó coreando el nombre de Renan. Y la historia nos dice que, cuando un jugador se siente realmente querido por la hinchada del Atleti, encuentra la plenitud. Lo de Lodi y el Atleti, tan inesperado como real, es el último ejemplo de que en el único lugar en el que la palabra éxito está antes que trabajo es en el diccionario. Fueron muchos los días en que Lodi se marchó triste a casa y lloró de impotencia. Esta semana también se fue llorando a casa, pero de felicidad. Así es la rosa, así es el cardo. Así es el Atleti.

Rubén Uría