Noticias En vivo
UEFA Champions League

¿Cuántas finales de Champions League ha jugado el Manchester City?

12:45 ART 25/4/22
Trofeo Champions League Final 2021 Portugal
Desde la llegada del jeque Mansour, el conjunto inglés invirtió miles de millones para conquistar Europa. Una meta de la que lo separan 90 minutos.

13 de mayo de 2012. El reloj gigante del Etihad Stadium señala que se cumplieron los 90 minutos reglamentarios y a Manchester City se le escurre la gloria entre los dedos. El equipo de Roberto Mancini sólo necesitaba conseguir el mismo resultado que el otro equipo de la ciudad, el United, para coronarse campeón luego de 44 años por su mejor diferencia de gol. Pero los Ciudadanos pierden 2-1 como locales frente a Queens Park Rangers, 17° en la tabla de la Premier League, y los Diablos Rojos derrotan 1-0 como visitantes a Sunderland. Una vez más, el equipo Sky Blue a la sombra de su gigante vecino.

Los 700 millones de euros que había invertido a lo largo de los cuatro años anteriores el jeque Mansour bin Zayed Al-Nahyan, miembro de la familia real de Abu Dhabi que había adquirido el paquete accionario mayoritario del club en 2008 a cambio de 150 millones de libras (unos 175 millones de euros), no parecían ser suficientes para cortar la hegemonía de un United que estaba a un instante de conseguir su quinto título de liga en seis temporadas.

Pero en el primer minuto de descuento, Edin Dzeko cabeceó un tiro de esquina ejecutado por David Silva y puso la historia 2-2. El bosnio había llegado al club un año antes por 37 millones de euros, en la que era la segunda contratación más cara del club hasta ese momento. El español también había arribado en 2010/11, luego de que el City le pagara 28 millones a Valencia por sus servicios. 65 millones combinados en una acción de balón parado para mantener viva la esperanza.

Y cuando el cronómetro marcaba 93 minutos con 20 segundos llegó el estallido. Sergio Agüero, quien había llegado como fichaje estrella de la temporada tras el desembolso de 40 millones a Atlético de Madrid, tiró una pared con Mario Balotelli, se escapó de un defensor, remató al primer palo y marcó el gol del título. Un tanto tan histórico que hasta sirvió de inspiración para la camiseta que el equipo utilizará en la campaña 2021/22.

El City, que desde su fundación en 1880 había ganado sólo dos títulos de liga, en 1998 había caído hasta la Tercera División inglesa y llevaba menos de una década desde su retorno a la elite en 2002, comenzaba a ver los frutos deportivos de haberse convertido en el club más rico del mundo de la noche a la mañana. Pero detrás de aquella consagración había demasiadas grietas: las pérdidas totales desde la llegada de Mansour ascendían a los 590 millones de euros.

El plan de convertir a los Sky Blues en una potencia “más grande que el United y el Real Madrid”, tal como había asegurado al momento de la adquisición Sulaiman Al-Fahim -el representante del Abu Dhabi United Group (ADUG) que negoció la compra del paquete accionario-, era inviable en esas condiciones.

El proyecto deportivo necesitaba un rumbo claro y Mansour decidió ir en busca de Ferrán Soriano, quien había sido vicepresidente económico y director general del Barcelona durante los primeros años de la presidencia de Joan Laporta y durante su estadía había logrado casi triplicar los ingresos del club y convertirlo en una marca global. En 2009, en su libro “La pelota no entra por azar”, el catalán había cuestionado duramente los manejos del City en el mercado de fichajes: “Provocan una inflación salvaje a través de inversiones irracionales”. Su tarea era lograr la racionalización.

Soriano asumió el 1° de septiembre de 2012 y puso en marcha una verdadera revolución: “Si tomas una secuencia de 10 años en la vida de un club, la suerte no juega ningún papel: lo que conduce al éxito o al fracaso es el trabajo”, es una de sus frases de cabecera. Con esa filosofía, al frente del proyecto futbolístico puso a su compatriota Txiki Begiristain, que dos años antes había dejado su cargo como director deportivo del Barcelona luego de ayudar a construir el mejor equipo de la historia del fútbol.

De la parte económica se hizo cargo él. “Para tener éxito, los grandes clubes deben transformarse en compañías de entretenimiento globales, como Disney”, había asegurado el catalán durante una conferencia en 2005 en el Birbeck College de la Universidad de Londres. Y hacia allí fue: un año después de su llegada, ADUG compró una franquicia en la MLS y nació el City Football Group, que actualmente posee acciones en nueve clubes de cuatro continentes y se consolida como el mayor conglomerado futbolístico del planeta.

Durante su primer año al frente de la maquinaria, el catalán consiguió reducir a la mitad el déficit operativo del Manchester City. Y a partir de la temporada 2014/15 logró que los ingresos del club incrementaran un 7% anual y cinco años consecutivos de números positivos en la balanza de pagos (racha que se cortó en el ejercicio 2019/20, donde el club sufrió un rojo de casi 150 millones a partir de las pérdidas derivadas por la pandemia). Sin embargo, desde el día uno, el CEO también debió lidiar con -fundadas- acusaciones sobre el verdadero origen de los ingresos de la institución (la expresión “club Estado” se popularizó en Europa, por los lazos del equipo con el gobierno emiratí) y se expuso a graves sanciones: el conjunto inglés pudo participar de la actual edición de la Champions League sólo luego de que el TAS revirtiera una sanción de la UEFA, que en febrero de 2020 lo había condenado a dos años sin competiciones internacionales por incumplir las normativas del Fair Play Financiero entre 2012 y 2016, los primeros cuatro años de la gestión Soriano.

Ese tipo de situaciones y denuncias han llevado a que muchas veces se minimicen las cinco Premier Leagues, dos FA Cups, seis Copas de la Liga y dos Community Shield conseguidas por los celestes durante la última década. El pasado 4 de mayo, instantes después de clasificarse a la primera final Champions de la historia Sky Blue, Josep Guardiola respondió: “Por supuesto que este club ha invertido mucho dinero desde que el jeque Mansour se hizo cargo, pero esto es mucho más que dinero. Los que quieran pensar otra cosa, allá ellos. Aquí se ha seguido una estrategia coherente que ha permitido ganar cinco ligas en una década. Eso significa mucho”. Una estrategia en la que el propio Pep estaba incluido desde mucho tiempo antes de su llegada al club y de la que, tal como estaba previsto, se convirtió en un eslabón fundamental.

Desde que Khaldoon Al Mubarak fue designado por la Familia Real como presidente del City y, ese mismo día, anunció la llegada de Robinho desde Real Madrid a cambio de 43 millones de euros, el club afrontó los primeros mercados con la mentalidad del golpe de efecto: el ‘robo’ de Carlos Tevez a Manchester United en 2009/10 es tal vez la mejor muestra. Pero con la llegada de Begiristain todo cambió: el conjunto celeste dejó de priorizar la compra de figuras que vendieran camisetas para adquirir futbolistas al servicio de las necesidades deportivas del equipo, sin importar cuánto tuvieran que pagar por ellos.

Tras la consagración en la Premier 2011/12, los Ciudadanos fueron por el siguiente paso: la Champions League. Y, tal como también lo comprobaría en años recientes el PSG, rápidamente quedó en evidencia que los petrodólares pueden garantizar la competitividad a nivel nacional, pero no son suficientes a la hora de enfrentar a los mejores rivales del mundo.

La eliminación en fase de grupos en 2012/13 (y la ausencia total de títulos en la temporada) le costó el cargo a Mancini, quien fue reemplazado por Manuel Pellegrini ante la imposibilidad de contratar a un Guardiola que ya se había comprometido con Bayern Munich. El chileno ganó la liga en su primera campaña, pero quedó eliminado del certamen continental en octavos de final en dos ediciones consecutivas, ambas contra el Barcelona.

Entonces, tras dos años donde la dirección deportiva se había enfocado principalmente en reforzar posiciones estratégicas y ensanchar el plantel (los fichajes más caros en 2013/14 y 14/15 fueron Fernandinho y Eliaquim Mangala, un mediocentro defensivo y un marcador central), Begiristain decidió volver a jugar fuerte en el mercado, con el objetivo de consolidarse como un equipo competitivo a nivel internacional.

De cara a la temporada 2015/16, en la que todavía es la contratación más cara de la historia del club, el City le pagó 76 millones de euros a Wolfsburgo por un joven belga de 24 años que, después de no poder asentarse en Chelsea, se había convertido en la gran revelación de la Bundesliga: Kevin De Bruyne. Además, invirtió casi 64 millones en Raheem Sterling, un joven extremo de 19 años que mostraba muchísimas condiciones pero no terminaba de explotar en Liverpool, y le pagó 44 millones al Valencia para garantizarse solidez defensiva con quien estaba consolidado como uno de los mejores centrales de LaLiga, Nicolás Otamendi.

Al rompecabezas sólo parecía faltarle una última pieza. Y Soriano y Begiristain sabían dónde encontrarla: en febrero de 2016, apenas dos meses después de que el Bayern informara que Guardiola iba a dejar el club al finalizar la campaña, el club de Manchester anunció que Pep iba a reemplazar a Pellegrini a partir de mitad de año. El Ingeniero había renovado su contrato hasta junio de 2017 en agosto de 2015, pero los ingleses no iban a dejar pasar otra vez la oportunidad de contratar al hombre que encajaba perfectamente en el proyecto.

Ya con su salida del club confirmada para el final de la temporada el entrenador chileno llevó al equipo hasta las semifinales de la Champions en la que, hasta ahora, había sido la mejor actuación del City en la competición. Un solitario gol en contra del brasileño Fernando a los 20 minutos del partido de vuelta frente a Real Madrid dejó al equipo a las puertas de su primera final, pero la mesa parecía servida para que Guardiola volviera a tomar Europa por asalto.

Al catalán, la adaptación al fútbol inglés se le hizo mucho más complicada de lo esperado: a pesar de que el club invirtió 215 millones de euros en incorporaciones (durante el primer año del entrenador llegaron John Stones, Leroy Sané, Gabriel Jesús, Ilkay Gündogan, Claudio Bravo y Nolito, entre otros), el conjunto Sky Blue finalizó tercero en la Premier, nuevamente quedó eliminado de la Champions en octavos y el entrenador finalizó una temporada sin título alguno por primera -y única- vez en su trayectoria.

Sin embargo, el rumbo ya estaba marcado: en concordancia con la filosofía de Soriano del trabajo como extintor del azar, los objetivos se plantearon a mediano plazo. Mientras equipos como el Paris Saint-Germain, el Barcelona o el Chelsea -al que enfrentará este 29 de mayo en Porto para definir la gloria continental- ponían la billetera al servicio del éxito inmediato, el City se reforzó a presente y a futuro: si bien en la última década el conjunto de Manchester fue -con diferencia- el equipo que peor balance tuvo entre ingresos y egresos en el mercado de pases, en promedio gastó menos dinero por operación (22,05 millones) que el Madrid (23,93), Barca (24,46), PSG (30,14) y United (32,21).

Además, según el Índice de Estabilidad de Plantillas que elaboró en marzo de este año el CIES Football Observatory (una estadística formulada en base a la edad de los futbolistas de un plantel, el tiempo de duración de sus contratos y la cantidad de años que llevan en el club), el conjunto celeste tiene la quinta plantilla más sostenible en el tiempo de las cinco grandes ligas europeas. Y un dato alcanza para ponerlo de manifiesto: del actual plantel de Guardiola, sólo cuatro futbolistas tienen más de 30 años y apenas uno llegó a cumplir una década en el equipo. Se trata de Sergio Agüero, a quien la directiva eligió dejar marcharse por la puerta grande. En un club que quiere ser Disney, los finales siempre deben ser felices.

Como parte de la política deportiva, el City construye naturalmente la sucesión de las estrellas que van dejando su lugar, con la inclusión paulatina de los nuevos valores en el andamiaje colectivo: entre 2010 y 2019, el conjunto de Manchester fue el noveno club de las cinco grandes ligas que menos futbolistas diferentes utilizó en el primer equipo, con apenas 96. En el mismo período de tiempo, Sevilla -que ganó cuatro Europa Leagues-, puso en cancha 160 jugadores diferentes.

El gran déficit del modelo, y que fue decisivo en las tres eliminaciones consecutivas en cuartos de la Champions, estaba en el fondo: a pesar de que el City dominó Inglaterra, donde llegó a sumar 100 puntos en la Premier 2017/18 y ganó los cuatro títulos ingleses en 2018/19 (hito único en la historia), los errores defensivos le costaban demasiado caros en Europa. La solución tampoco fue barata: según un dato relevado por el diario El País, de los 20 defensores más caros de la historia, nueve fueron adquiridos por el City entre 2016 y 2021. Fueron necesarios 500 millones de euros para que la postergada clasificación a la final se alcanzara luego de que el equipo recibiera apenas tres tantos en contra en sus 12 partidos previos.

Pero, además del dinero, Guardiola también necesitó volver a las bases. La actual temporada había comenzado como la peor en la carrera del entrenador y, tras las primeras 10 fechas de la liga, el cuadro de Manchester llegó a encontrarse en la segunda mitad de la tabla. El rendimiento colectivo no aparecía. Agüero, que había sido el máximo anotador del equipo en siete de las últimas ocho temporadas, sufría con las lesiones y Gabriel Jesús no lograba ponerse el traje de goleador. Pep, entonces, pateó el tablero: como en aquel Barcelona que revolucionó el fútbol moderno, el entrenador rescató el “falso nueve” y volvió goleador a Ilkay Gündogan. El conjunto celeste ganó la Premier, la Copa de la Liga y está a las puertas de su obsesión: la gloria internacional.

Pero allá por mediados de noviembre, después de un empate 1-1 contra Liverpool que dejó al equipo en el 10mo puesto de la tabla y antes de que comenzara a vislumbrarse una luz al final del túnel, el club ya había anunciado la renovación del contrato del entrenador por las próximas dos temporadas. Porque en el City saben que pueden perder algunos partidos pero, en el largo plazo, la pelota no entra por azar.