Noticias En vivo
Real Madrid v FC Barcelona

Casemiro, su leyenda urbana y los que fingen

06:37 ART 15/3/22
Casemiro Alaba Real Madrid
Una reflexión personal sobre el brasileño del Real Madrid y el constante debate sobre su figura

Si usted es antimadridista, deje de leer. Esto no le va a gustar. Pero es mi opinión. Al grano: Carlos Henrique Casemiro es uno de los mejores mediocentros defensivos del mundo. Si me apuran, el mejor. Y si jugase en mi equipo, sería indiscutiblemente uno de mis jugadores favoritos. Sí, pega patadas. Como Xabi Alonso, que jugaba con frac pero pegaba lo que no estaba en los escritos. Como Gabi, que era un capitán ejemplar y rascaba de miedo. Como Mauro Silva, que era una computadora bestial pero no hacía prisioneros. Como Redondo, que era Dios con la pelota y el diablo cuando sacaba de paseo el codo. Sí, Casemiro es muy duro. Sí, no reparte caramelos. Sí, no es una hermanita de la caridad. Y sí, le expulsan bastante menos de lo que le deberían expulsar. Como a Suárez, como a Alves, como a Carvajal, como a muchos otros, porque ese club no es tan selecto como se dice y, en materia de juego áspero y sus consecuencias arbitrales, unos tienen la fama y otros cardan la lana. 

No hace falta ser el más listo de la clase para comprender que los que no somos madridistas seríamos felices con Casemiro expulsado todos los partidos, pegue o no pegue, porque cuando el tipo saca la escoba, por ahí no pasa ni la humedad. La realidad es que Casemiro siempre juega y siempre acaba los partidos, para desesperación del personal antimadridista, que suspira por una tarjeta del mismo color que jamás se le ponen las mejillas a Butragueño cuando balbucea aquello de cáspita y caray. La realidad es que, sorpresa, Casemiro, como todos los mediocentros defensivos de toda la vida de Dios, pega. Y de propina, corta, distribuye, pasa, cabecea y hasta golea. ¿Cómo dimensionar a Casemiro? Bastaría con aparcar la leyenda urbana, dejar de pedir que ingrese en la cárcel cada vez que choca y asumir que, en su rol, Casemiro hace lo que tiene que hacer. Sacar la pierna. 

A quien esto escribe le salen espumarajos por la boca cada vez que pega y sale ileso de la jugada, pero si uno es capaz de olvidarse de que viste de blanco, si uno es capaz de hacer ese complicado ejercicio de empatizar con el profesional, aflora la verdad. El tipo hace lo que debe. Y son los árbitros los que, cuando él acaba su trabajo, tienen que valorar dónde empieza el suyo. Luego está el famoso mantra de proteger a los artistas. Hay que proteger a Vinicius, a Fekir, a Joao, a Guedes, a Correa y al resto. A todos. También a los damnificados por Casemiro. Ese es - perdón, debería ser- el primer mandamiento de los colegiados, velar por la integridad física de los jugadores. A todos los que sufren entradas al borde o más allá del reglamento. La realidad, que vende menos que la leyenda urbana, por más barata que sea, es que todos queremos que protejan a los jugadores de nuestro equipo, que nos escandalizamos con las entradas a los futbolistas que defienden nuestra camiseta y que corremos un tupido velo cuando los nuestros son los que pegan, protestan o fingen. 

Estos últimos, por cierto, me parecen bastante más cuestionables que Casemiro. En el trabajo del brasileño, de serie, está lo de pegar. En el curro de un delantero, de serie, está marcar, no fingir. Uno comprende que el personal antimadridista pida el ingreso en prisión del brasileño en cada lance del partido y asume que, para el madridismo militante, Casemiro tenga la consideración de héroe. Lo que me parece sorprendente es que la alargada sombra de los que pegan tape completamente la de los que fingen. Nada me asquea más que la fea costumbre, tremendamente extendida en nuestro fútbol, en todos los equipos, de aplaudir al jugador que recibe un golpe y automáticamente, se retuerce de dolor, se revuelca en el suelo, da tropecientas volteretas y se hace el muerto. Soy un señor raro, pero eso me fastidia bastante más que Casemiro.

Rubén Uría